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miércoles, 28 de enero de 2015

Coronita de España....

Me dice un amigo gallego que hay cierta justicia poética en la derrota con unos mecanismos previstos para asegurar la victoria del mantenimiento de unas poltronas, en este caso, el trono de España (que, como todo el mundo sabe, es creación del siglo XIX y el primer Rey de España, con esa denominación, fue Amadeo de Saboya, pero, esta, es otra historia). Lo que nos ocupa es la posible y ocultada crisis de los herederos al trono de dicha corona, es decir, los hijos del hijo del Movimiento, el rey, primero franquista, luego constitucionalizado, Juan Carlos de Borbón y Borbón. Y es que el reconocimiento de esos dos bastardos, que serían llamados así en otro tiempo, tiene una importancia capital en el órden constitucional. Aunque muy pocos han querido observarlo.


Juan Carlos de Borbón y Borbón, hijo de su padre, el imprevisto Juan de Borbón y Batenberg, imprevisto que fuera el jefe de la casa real española, algo que fue poco antes de la muerte de su padre, el anterior rey, Alfonso XIII, en su exilio romano, en 1941. Aquí hay una serie de puntualizaciones, con permiso de Iñaki Anasagasti y su libro “Una monarquía nada ejemplar” que merecen difundirse. El primero de ellos que Alfonso XIII cooperó con el franquismo, y que no una, sino muchas, se puso a las órdenes de Francisco Franco, como un simple soldado a las órdenes de España (la azul, claro), que le dió dinero, y que, en el caso de una partida de aviones, necesaria de urgencia, y que venía de Italia al estado español, el dictador italiano fascista quería que fueran trasladados por avión, pero el estado mayor franquista, con Kindelan por cierto al frente, al que ahora se homenajea, pero que sería como si en Alemania se lo hicieran a Göering, lo quería en vuelo directo. Y fue el otrora rey el que llamó a Benito para interceder en favor de la España de los del contubernio golpista para que se pudiera bombardear mejor y más rápido a los de la España de la legalidad, los llamados rojo-separatistas.


Juan Carlos de Borbón y Borbón nace en 1938 en Roma, italiano pues (algunos herederos nacen en otros países, y como el caso de alguno que no recuerdo su nombre, para nacer en suelo de su país, se emite una órden especial para que el suelo donde lo hace, generalmente un hospital, por unas horas, pasa a ser suelo de aquél país, aunque sea en la republicana Saint Paul, Minnessota, en los Estados Unidos) y fue certificado, posteriormente, su natalicio en un consulado, dicen que español. Porque Juan de Borbón, el que algunos llaman Juan III, y así aparecerá en su tumba en el escorial, lo inscribió en el consulado franquista, existiendo el consulado republicano, y no sabiéndose aún de que lado se iba a decantar la fratricida y provocada (por los franquistas) guerra civil española. Y es que Juan lo tenía claro. Quería ir como soldado a combatir. Pero Franco lo tenía claro. Si en algún momento del futuro esa monarquía rancia debía volver a ser signo de unidad de la patría, no podía ser presentada como algo que una vez fue de parte en el campo de batalla. Un caso en el que los regios representantes tuvieron aún menor visión de futuro que los franquistas sublevados.


1931, en Noviembre, las cortes republicanas hicieron un juicio al depuesto rey Alfonso XIII (que,dicho sea de paso, y como dice el libro de Miguel Anxo Murado “La invención del Pasado”, esto de los numerales es algo que podría ser revisado, porque tiene su miga detrás,miga de mentiras) y se le declaró desposeido de sus posesiones dentro del estado (entre ellas el Palacio de la Magdalena en Santander o el Palacio de Miramar en Donostia), que el y sus herederos no podrían ostentar ni los títulos ni privilegios tradicionales de la corona española y que no podrían pisar suelo español jamás. Algo similar a lo que, tras la victoria sobre los fascistas, y tras el preceptivo referéndum, hicieron los italianos en mayo de 1946. Los Saboya tardaron más de 40 años en volver a pisar suelo italiano. Y como simples ciudadanos. En 1938 precísamente un decreto franquista revocaba el juicio democrático ejercido por las cortes republicanas, retornando todo lo desposeido, salvo un pequeño detalle: la corona de España, la jefatura del estado. Eso se lo reservó Franco para sí, hasta el día de su muerte.


Juan Carlos de Borbón y Borbón afirmó no una, sino varias veces, que además de su padre biológico, Juan de Borbón, Franco fue un padre para el. Por eso es hijo del Movimiento, es la monarquía del Movimiento. Porque esta no es una restauración monárquica como la que hizo, o intentó, Canovas del Castillo a fines de siglo XIX (que le salió mal, porque el quería que se hiciera una votación en las cortes, solemne y constitucional, pero un general dió un “pronunciamiento”, AKA golpe de estado, en Sagunto, y destrozó la traza legalista de Canovas), sino una instauración, dado que el Principe heredero se le denominó como Principe de España, algo que contrasta con el denominar al hijo de Juan Carlos como Principe de Asturias tras la coronación de aquél, aunque la situación del título, según su legitimidad, no hubiera cambiado, dado que, en teoría, era potestad de Juan de Borbón. Es una nueva monarquía azul. A la que se sumaron los rojos, como se verá en la transición, pasando de republicanos a monárquicos. Sobre todo el PSOE.


Se dice que cuando uno hace un juramento solemne uno, luego, no puede volver a someter a juramento por algo que lo contradiga (en la película “Centauros del desierto”, al inicio, dicen un antiguo soldado confederado que no puede jurar ser Sheriff del Norte, cuando ya había comprometido tal alto compromiso, el de jurar, con el viejo sur) y algo así ocurrió cuando en 1969 Juan Carlos jura defender los principios del movimiento de esta nueva monarquia fundada sobre la legitimidad (sic) surgida del 18 de julio de 1936. Un rey y una monarquía colada dentro del paquete constitucional, no pudiéndose votar por separado. En Grecia hubo una consulta, un referéndum, convocado por el hermano de la Reina Sofía, el Rey Constantino, que fue derrotado en 1974 y se tuvo que ir al exilio. Quizás eso estuvo en el subconsciente o en el consciente no confesado. Además de que, ahora, con la crisis tremenda que conlleva el estado griego, nadie, ninguna formación, ni siquiera las conservadoras, han afirmado la voluntad de una vuelta de la monarquía como símbolo de unidad, permanencia, estabilidad, del estado griego. Una vez pasaron a un modelo republicano, lo han hecho con todas las consecuencias. Y sin un punto de retorno. Porque así lo qusieron griegas y griegos. Quizás por eso no se dió ni se dará esa opción. Ayudado por lo que el mismo Anasagasti desgrana en “Una monarquía protegida por la censura”.


Constitucionalmente, en el título II, protegido por la revisión reforzada de la constitución, protegido especialmente para impedir un posible brote republicano (el tema de los dos tercios dos veces de congreso y senado del artículo 168 de reforma de la constitución) se afirma Por ningún lado aparece la figura del bastardo, como, por ejemplo, ha reclamado y al final se le ha concedido a Leandro de Borbón, hermano de Juan de Borbón. Sin duda este no es el caso. En este caso la constitución es muy clara, cristalina. Y es la causa de la inadmisión a trámite de la demanda del ciudadano catalán, y sí de la de la mujer belga, más allá de anécdotas de como y cuando se dieron a conocer como hijos o posibles hijos de Juan Carlos de Borbón. Porque ese asunto es secundario. El principal es que, dado que el posible hijo catalán, y, por tanto, dicen que español (al menos, por ahora) sería el primer heredero a la corona española. Debería ser el rey de España.


Mi amigo gallego dice que, como solución deshonrosa, podrían utilizar un parche. Intentar modificar el título II, en el apartado de la monarquía, para aclarar la sucesión a partir del actual Felipe VI (en Casitlla, porque en Navarra o en Catalunya debería reconocerse que lleva otro numeral), pero surgen dos problemas. Y usaré sus palabras: Y, considerando que Felipe era la última bala de la monarquía española para salvarse, lo van a tener complicado para avanzar hacia una nueva generación de monárquicos con nuevos reyes de España. Aunque si lograron que el PSOE renunciara a ser republicano, siendo juancarlista primero, ahora directamente monárquico, si lograron que la nieta de un taxista asturiano, presentadora del telediario con Urdazi, repubicana, de estirpe roja, acabe como reina de España, seguro que intentar lo van a intentar. Mantener la poltrona bajo alguna forma de monarquía española.


Dicen las malas lenguas que la cerveza mexicana Corona cuando quiso implantarse en España, a Zarzuela no le gustó, porque Corona, en España, sólo hay una, y la llevan los borbones. Por eso en España la cerveza se llama coronita. Curioso, porque México fue el último país, llegado 1975, que, oficialmente, reconocía la legitimidad republicana, de las instituciones de la República (de las que el Lehendakari Agirre pudo haber sido presidente puesto que se lo ofrecieron a finales de los años 40). Si hasta este pequeño detalle se inmiscuyera Zarzuela para preservar sus intereses… bueno, pues veremos sin duda como evolucionan los acontecimientos. A veces pasa eso de la Justicia poética con las leyes que sólo persiguen salvar la poltrona. Hasta entonces, y como dicen allí, que viva México, cabrones!