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domingo, 26 de octubre de 2014

Contradicción Primaria y Secundaria (Marxismo)‏

La contradicción primaria y secundaria del marxismo es la piedra angular soterrada de toda política territorial de cualquier partido que se autodenomine de izquierda, sea de un Estado gran-nacional o de una Nación sin Estado.

Consiste en que la contradicción secundaria siempre, siempre, se subordina y condiciona a la principal o primaria.

El marxismo se sustenta en poner a sus enemigos contra las cuerdas, intentar aflorar las contradicciones a las que acusa al o a los rivales, las diferencias dentro o  entre el discurso y la acción. La contradicción secundaria es la contradicción nacional. Cuando una Nación sin Estado quiere convertirse en Estado. La liberación de la patria. Siempre consideran que esto de las patrias, las naciones, las banderas, los sentimientos identitarios son cosa de las burguesías, y siempre son cosas de la derecha.

Engels estaba a favor de la desaparición de los llamados "pueblos reaccionarios", como los bretones por su apoyo contra la revolución francesa o el vasco por su apoyo al carlismo (a pesar de las bellas palabras por parte del propio Marx, demostrando que no es lo mismo ser marxiano que marxista). En la contradicción secundaria el mesías del marxismo permite la colaboración puntual entre la burguesía de la nación sin estado y las llamadas fuerzas socialistas, de izquierda, vanguardia del proletariado en pos de la consecución de esa libertad.

Pero siempre condicionada por la otra, la principal o primaria, que es la llamada lucha de clases, la lucha reseñada en la internacional, la que convierte en enemigos mundiales a la burguesía y el capitalismo y al proletariado y el socialismo por el otro lado. E indica que todos los trabajadores del mundo han de dejar a un lado sus reivindicaciones nacionales, asumir el marco nacional existente, y luchar por un cosmopaletismo encarnado en la fraternidad de todos los obreros del mundo (que se vió en el acuerdo de la internacional segunda en 1912, apostando por negarse a luchar en una guerra imperialista, y tan sólo 2 años después todos estaban luchando por sus respectivos países en las trincheras europeas y mundiales).

La contradicción primaria se sobrepone a la secundaria, y presupone poner el acento en las llamadas cuestiones sociales, y olvidar la causa nacional. Por eso esos canarios independentistas autodenominados de izquierda afirman sin rubor que si España fuera roja, la independencia de Canarias no tendría sentido alguno. Y es la razón por la que, ante el "separatismo catalán" Azaña fuera partidario de apoyar a Franco. Y es la razón por la que EH-Bildu ha apoyado en 13 Municipios de Euzkadi la constitución de una tercera República española. Es el motor de la negación de las reivindicaciones nacionales en la práctica y que no supone la activación del otro frente necesariamente, como se ha visto en el caso de la presidencia de Zapatero (o de Hollande) que han sido incapaces de afrontar los grandes retos sociales que tenían encima de la mesa España o Francia.

Ningún cambio estructural, todo cosmético. Y todo esto viene de cuando Rosa Luxemburgo en base a sus intereses como alemana de mantener sojuzgados los derechos nacionales de Polonia, avivó esta teoría que justificaba su posición, y que fue alentada posteriormente por Stalin como dueño y señor de esa cárcel de pueblos presuntamente socialista llamada la URSS. Al fin y al cabo, como dijo el sociólogo, lo que sucede es la construcción social de la realidad. Y en toda decisión hay una buena razón, y una razón de verdad, oculta, que no se cuenta.

Al igual que en el tema de la superestructura y la infraestructura, en términos marxistas, aunque no se cite, y sea un asunto olvidado hace décadas, la contradicción primaria y secundaria está detrás de todo texto sobre asuntos territoriales o nacionales de partidos que sacan de cuando en cuando propuestas, como la federalista (simétrica, por supuesto) sin saber o querer saber más allá de slogans sin contenido.

En la era del marketing y la propaganda, del agit-prop, sirve de manta para el mantra de la unidad de la patria. Por eso el fascista Calvo Sotelo dijo en el frontón Urumea de Donostia en 1935 aquello de una España antes roja que rota.

Y es que lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas.

Texto de Juan Karlos Pérez.