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lunes, 22 de septiembre de 2014

Sabino Arana y Sánchez Mazas.

Rescato un interesante artículo de Ernest Lluch escrito en su etapa de rector de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo antes de ser asesinado por ETA cuando contaba 63 años y estaba retirado de la vida política. Lluch, militante del PSOE, fue ministro de Sanidad y Consumo entre 1982 y 1986.

También procede dejar claro, antes de leer éste artículo sobre Sabino Arana y el ministro franquista y dirigente de la Falange Sánchez Mazas, que ambos se encuentran en el nomenclátor de la Villa de Bilbao. Al primero se le dedicó una Avenida y al segundo, de manera totalmente incomprensible, un Paseo. Leer este artículo puede aclararnos, si cabe y al margen de ser manifiestamente ilegal, lo absurdo del hecho de la -aún- existencia de ese Paseo en Bilbao dedicado a un ideólogo del genocidio franquista.


sabino aranaPeriódicamente aparecen artículos que glosan los aspectos menos democráticos y más extraños a la actual cultura que están inscritos en la obra de Sabino Arana. Son artículos que normalmente los escriben personas que podríamos denominar progres. Es un terreno ya conocido y espectacularmente rentable ante quienes ignoran la situación de las ideas políticas y sociales a fines del siglo pasado y comienzos de éste. Recuerdo que estos pasajes de la obra de Arana también me sorprendieron desfavorablemente cuando los leía en un volumen de Obras Completas, editadas, si recuerdo bien, en el Buenos Aires del exilio. Mantengo mi extrañeza y también mi separación.

Sin embargo, conozco perfectamente que los hijos, los nietos y los biznietos de Sabino Arana no han partido de estos fragmentos en su acción política concreta, sino de lo que podríamos denominar su impulso para el reconocimiento de la personalidad vasca y la defensa del vascuence como lengua propia del país. Me parece que harían bien sus descendientes considerando que esta parte discutible de la obra de Sabino Arana solamente constituye una protohistoria para el PNV. Un impulso que debe ser reconocido, o que yo al menos reconozco, como un factor decisivo en la reciente historia del País Vasco y en la defensa de sus características nacionales.

Pero me parece, como acaba de declarar Román Sudupe, que un PNV moderno tiene que arraigarse con mayor énfasis en la obra más reciente de José Antonio Aguirre. Lamento que este hombre, con algunos rasgos comunes con el político que Hugh Thomas ha considerado el más importante del siglo XX, Franklin Delano Roosevelt, aparezca muy desdibujado entre los suyos. Tan desdibujado que, en una reciente comida que mantuve con dos amigos en el batzoki del barrio donostiarra El Antiguo, me sorprendió que su fotografía estuviera colocada en un buen lugar.

Me parece que hace bien quien continúa preocupándose por los citados fragmentos de Sabino Arana, como es el caso de Antonio Elorza, pero no creo que se estén preocupando por estragos que pueda ocasionar en la actualidad. Lo dice quien no es de la parroquia pero conoce cuál ha sido el comportamiento del nacionalismo vasco al lado de la libertad y la autonomía. Otra cosa, insisto, es que sería preferible que se estableciera una línea de demarcación más precisa y que destacara más la figura del modernizador lehendakari Aguirre.

A mí me preocupan muchísimo más que los fragmentos de Arana los de Rafael Sánchez Mazas. Veo con preocupación que a una parte de los estudiantes de enseñanza secundaria del conjunto de España se les hace leer una novela de este bilbaíno de adopción. Me refiero a La vida nueva de Pedrito de Andía. Es una novela de fácil lectura y de una estructura y de una técnica realmente destacable, pero con unos contenidos falangistas absolutamente indiscutibles.

He podido comprobar, además, que en algunos institutos se explica que esta es una obra que no tiene nada que ver con la ideología de su autor. No solamente lo dicen algunos profesores, sino que he podido leer cómo un crítico literario como García Posada, o un notario como Juan José López Burniol, la consideraban recientemente una obra intocada y absolutamente angélica en relación a las ideas políticas del autor.

sanchez mazas bnSubrayarlo es altamente necesario, puesto que no se puede olvidar que Rafael Sánchez Mazas fue el autor de la letra del himno falangista Cara al sol o que como el grito de ¡Viva España! le parecía poco, se le ocurrió proponer, y consiguió, que fuera sustituido durante el franquismo por el de ¡Arriba España!. Fue también el autor de la Oración al ausente que le encargó el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera.

Podríamos añadir que fue quien, en 1923, en las páginas de ABC, propuso que a los catalanes, a los gallegos y a los vascos se nos marcara con una letra E. Una propuesta que no puede ser considerada con la superficialidad que lo ha hecho López Burniol, puesto que algunos amigos de Sánchez Mazas consiguieron que fuera realidad en la Alemania de los años treinta.

Los defensores de que los estudiantes se pueden formar con la aludida novela consideran que en Sánchez Mazas hay un período posterior a 1939 que no está contaminado por sus ideas. Quienes eso dicen olvidan de entrada que entre esta novela de 1951 y una publicada en 1915 llamada Pequeñas memorias de Tarín hay una gran similitud de argumento, tal como ha destacado Ignacio Elizalde.

Por matices supuestamente racistas se está discutiendo si hay que retirar de los institutos norteamericanos Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Además hay que recordar que ese supuesto gran cambio de Sánchez Mazas a partir de 1939 no es posible, puesto que en 1957 publicó un libro con sus artículos que contenían las posiciones más acentuadas de un nacionalismo españolista dictatorial y excluyente.

Por otra parte, la argumentación de La vida nueva de Pedrito de Andía contiene aspectos realmente poco ejemplares. Así, el protagonista realiza escenas de violencia como disparar balas -siempre va armado- lanzar un hacha a dar o descalabrar a un adversario de una manera violenta. Cuando se enfrenta a alguien, Pedrito lanza el insulto de puercos judíos, mientras que él se define como cristiano.

Hay una frase significativa cuando se enfrenta con un niño inglés al estilo de los tebeos radicalmente falangistas de Roberto Alcázar y Pedrín: “Vas a tocar la cara de tu padre, lechuzo, pero no la de ese cristiano”. La violencia del protagonista, basada en el peor militarismo, hace que desee que cuando sea mayor haya grandes guerras y que prefiera un cielo de banderas a un cielo de nubes. Delante del Árbol de Guernica cita a España, por encima de la cual sólo está Dios, sin referencia alguna al País Vasco. Algún día habrá que estudiar si de aquel nacionalismo españolista autoritario y violento como el de Sánchez Mazas, forjado por un núcleo bastante amplio de intelectuales vascos, no existe, lamentablemente, un reflejo en las juventudes autoritarias del nacionalismo radical vasco.

Por todas estas razones me preocupa mucho más que una parte de nuestra juventud se continúe formando con una novela falangista como es La Vida nueva de Pedrito de Andía que unos fragmentos de Sabino Arana que, siendo rechazables, no han sido los que han dado continuidad a la vertebración íntima de la fuerza política que estableció. Lo escribo estando situado en otros parajes ideológicos, pero explicando las cosas como me parece que son.