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lunes, 23 de junio de 2014

El baile de las elites.

Les dejo con esta teoría que me remite desde Barcelona mi inminente colega Sergi Cristóbal Jané. A ver qué les parece...

Soy un firme defensor de lo que podríamos llamar "el gobierno útil", o sea aquel tipo de gobierno que permite a la gente hacer uso del ascensor social y poder llegar donde se proponga, que se encarga de fabricar una fortísima clase media y, en consecuencia, eliminar a la clase baja a través de una buena gestión del país. Estos días, en plena catarsis monárquica, he vuelto a leer algunos de los grandes artículos que Roger Vinton ha dedicado a las élites extractivas españolas, y he pensado mucho en el concepto de gobierno útil y la importancia que puede tener el Jefe de Estado.

Las élites extractivas (en el caso español son las del IBEX-35) son aquellas grandes empresas que dependen del Gobierno Central para poder sobrevivir, o sea aquellas multinacionales energéticas, de la construcción, o grandes bancos que viven gracias a las adjudicaciones hechas a través del BOE. Si leemos el blog de Roger Vinton nos daremos cuenta de que las grandes multinacionales del IBEX 35 forman parte de las antiguas empresas públicas, lideradas actualmente por una serie de familias que tienen la capacidad de controlar la economía. Es la clásica situación de fallo de mercado provocado por un oligopolio, y es importante señalar que la Casa Real ha tenido mucho que ver en crear un país donde la libre competencia es inexistente en muchos sectores.

Si nos centramos en los debates surgidos en torno al proceso soberanista, se puede observar que no hay ningún tipo decisión formada sobre el futuro Jefe de Estado de nuestro país. Aunque parezca evidente que las bases de CiU, ERC, ICV-EUiA, y la CUP son ampliamente republicanas, entre las élites catalanas ( Gay de Montellà, la familia Daurella, la familia Rosell, los Godó, los Oliu, y un largo etcétera ) encontramos que hay una clara apuesta por el mantenimiento del statu quo monárquico-institucional. La gran preocupación de estas familias radica en que la creación de una República catalana podría dejar a La Caixa, el Banc Sabadell, Abertis, Coca-Cola, o La Vanguardia alejadas de posiciones claramente privilegiadas si la Generalitat tiene que pedir un crédito, construir infraestructuras o subvencionar a medios de comunicación. No hace falta recordar que el Rey Juan Carlos ha sido un gran conseguidor de contratos de obra pública para las empresas españolas en el extranjero, e incluso el caso Nóos ha puesto en evidencia que la figura de la Casa Real sirve para enriquecerse saltándose la legalidad.

Parece absurdo que familias absolutamente ricas fundamenten sus posiciones monárquicas por miedo a perder sus bienes ( a efectos prácticos, sólo les preocupa que una mayor competencia les haga sudar un poco más para ser ricos), pero hay tres situaciones que pueden hacer cambiar totalmente el esquema socio-político o mantenerlo. La primera de todas es la creación de una Cataluña con una forma de gobierno republicana, la cual simbolizaría el mal absoluto para las élites catalanas, pues la falta del Monarca les dejaría sin un actor que hace de lobby cuando es necesario; se impondría un mercado libre (más desligado de las élites tradicionales españolas) y aparecerían nuevas empresas mucho más competitivas. La segunda opción, a priori la más alejada de todas, es que el NO se imponga en un posible referéndum y donde todo acabe solucionándose a través de un pacto fiscal, el cual dejaría totalmente intactas a las élites pro-statu quo. Esta opción, claramente improbable si no se detiene la consulta, nos lleva a pensar en la tercera vía: una Cataluña independiente con una monarquía compartida con el Estado español.

Una monarquía compartida entre España y Cataluña sería casi peor que mantener el statu quo vigente. Es cierto que por un lado se lograría contentar a las partes republicanas ( CiU, ERC, ICV-EUiA, y la CUP ) y a las monárquicas ( PSC, PP y Ciutadans ) en nombre de la cohesión social, pero las élites mejorarían su capacidad de coerción. Dicho en pocas palabras, las grandes familias podrían estirarse paralelamente sobre el colchón catalán y sobre el colchón español, manteniéndose así en una situación claramente privilegiada y teniendo una alternativa en caso de caer la monarquía en cualquiera de los dos países. No se mejoraría en casi nada.

Puede parecer banal discutir sobre la forma de Estado, pero es realmente importante pensar que detrás de la futura República de Cataluña o del Reino de Cataluña se puede esconder una mejor o peor calidad de vida. Un país es mejor cuando sus empresas son potentes gracias a la calidad de sus productos y no por la proximidad al Jefe de Estado, de la misma manera que se diferencian los países donde todos pueden aspirar hasta donde se propongan de aquellos donde sólo mandan un conjunto de familias. Por eso es importante que al margen de las ideologías se pueda formar un gobierno claramente republicano, pues será el único que nos llevará a una mayor separación de poderes - y del control que tienen las élites extractivas sobre estos- y a una mejor calidad de vida. Ahora ha comenzado el baile de las élites, fijémonos en los movimientos que harán los líderes de las patronales, los principales sindicatos, y políticos como Duran i Lleida, Felipe González, o Miquel Roca a medida que se acerque el 9N. Todos ellos lucharán para alcanzar una monarquía compartida, reforzando así el statu quo si no pueden evitar la secesión.