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lunes, 16 de septiembre de 2013

La Amatxu de los mares (por Iñigo Aklberdi en Diario DEIA)

Bermeo Eel refugio de los marineros creyentes, según reza la oración, y por eso la Amatxu de Bizkaia, Begoñako Andra Mari, también protege a los arrantzales desde el agua. O, mejor dicho, bajo ella. Concretamente desde el fondo de las inmediaciones de la isla de Gaztelugatxe, donde ayer hace medio siglo que un grupo de buceadores entronizaron una imagen suya como muestra de su devoción.

Para recordar aquel lejano 15 de septiembre de 1963, Bermeo repitió ayer todo el ritual que se llevó a cabo entonces, con la participación de más de 300 personas en los distintos actos organizados por la agrupación submarinista Cevas. Fueron ellos, con Giovanni Marra a la cabeza, quienes acometieron hace 50 años una empresa no exenta de dificultades, como era situar una figura de bronce -rellena de plomo- de 850 kilos de peso a 12 metros de profundidad.

Antes, sin embargo, realizaron una procesión, con la imagen subida a un camión de bomberos, que fue seguida por miles de bermeotarras en las calles de la villa y por decenas de embarcaciones que surcaron las aguas hasta el islote. Ayer poco más de un centenar de personas compusieron la comitiva que siguió a la réplica de la imagen submarina que fue trasladada desde el convento de los Padres Franciscanos hasta el puerto, y media docena las embarcaciones de la romería marina. "En 1963 supuso una novedad, pero desde entonces se celebra el aniversario cada año y se ha desgastado. También se ha perdido la devoción religiosa", asume Aita Adrián, quien bendijo hace 50 años la figura realizada por Joaquín Lucarini que hoy se erige bajo las aguas.

En su colocación participó, entre medio centenar de submarinistas de toda Bizkaia, el baracaldés Tomás Crespo. Él fue uno de los promotores de la iniciativa, junto a Marra, y, como cada año desde entonces, no faltó a los actos del áureo aniversario. "Siento mucho orgullo de saber que algo que pusimos en marcha hace 50 años se sigue recordando", afirmó. A sus 86 años no pudo ver desde la costa las imágenes de la ofrenda que se retransmitieron en directo desde el fondo del mar. Su ceguera se lo impidió, aunque no pudo evitarle emocionarse. "Al escuchar el sonido de la respiración me ha traído muchos recuerdos. Y ganas de entrar al agua", bromeó.

Ofrenda. Un integrante de la Comisión del Aniversario fue el encargado de realizar la ofrenda subacuática, en la que, haciendo frente a la mar de fondo que dificultó su labor, depositó una red, una lanza de bomberos, una corona de laurel y otra de flores, además de una bombona de aire. "Para que proteja a los que trabajan en la mar y los que se adentran para disfrutarla; para que les vele, les cuide y les proteja", rogó el submarinista en su intervención, a través de las pantallas, en la eucaristía oficiada por el obispo de Bilbao, Mario Iceta. Un Padre Nuestro rezado simultáneamente desde ambos puntos resultó emocionante.

Al acto religioso celebrado en el mirador, situado junto a la carretera, donde se encuentra el monolito conmemorativo colocado hace 25 años, asistieron varias autoridades locales, con la alcaldesa Idurre Bideguren a la cabeza, así como el portavoz y consejero de Justicia y Administraciones Públicas del Gobierno vasco, el bermeotarra Josu Erkoreka. También estuvieron los hijos del escultor que moldeó la imagen de la Virgen sumergida, uno de los cuales, Leonardo, fue quien construyó en 1988 la réplica que presidió la misa.

Junto a ellos, la más solicitada y nerviosa era Anna Marra, la hija de Giovanni. La preocupación porque todas las actividades -organizadas en buena parte por ella- salieran bien -como así sucedió- se impuso a la emoción del recuerdo hacia su padre, máximo promotor de la iniciativa en 1963, y que falleció hace exactamente un año. A él se le recordó con la colocación de una placa conmemorativa en el monolito. "Supongo que luego en casa, cuando esté más tranquila, no podré evitar recordarle a él y a ama, que murió cinco semanas después", aventuró.

Mientras tanto, la Amatxu sumergida recibía la visita de varias decenas de submarinistas que quisieron homenajearla como solo se merece una imagen que lleva medio siglo cuidando de los hijos que cada día se adentran en las aguas y que seguirá haciéndolo.