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lunes, 27 de mayo de 2013

"Agente 447" en Bilbao.

Mañana, martes 28, presentamos en Bilbao el libro de Gemma Aguilera "AGENTE 447. EL HOMBRE QUE DETUVOA LLUÍS COMPANYS". Dicha presentación tendrá lugar a las 19,30 en FNAC-Bilbao (Alameda de Urkijo,4) y correrá a cargo del senador Iñaki Anasagasti quién introducirá a la autora del libro. También contamos con vuestra presencia.

SOBRE EL LIBRO.

Agente 447. El hombre que detuvo a Lluís Companys (RBA, 2013) es el retrato de un criminal protegido. Pedro Urraca Rendueles (1904-1989) construyó una vida novelesca como policía y espía a sueldo del franquismo, pero también de la democracia, dirigiendo parte de la represión exterior de republicanos, comunistas y, finalmente, miembros de ETA. En su hoja de servicios consta la detención e interrogatorio del presidente de la Generalitat de Catalunya Lluís Companys en agosto de 1940, como resultado de la acción de un equipo de la Gestapo que Urraca dirigió y gracias a su estrecha relación con el régimen de Vichy. Este libro es el resultado de una investigación periodística que permitió descubrir los dietarios personales, la documentación policial y el archivo fotográfico del policía, además de abundante material atesorado en diversos archivos. Agente 447 reconstruye la vida personal y profesional de un personaje clave en la España del siglo XX, que la legislación española se empeña en ocultar amparándose en el secreto de estado. Pero hay cuenta atrás: el 14 de septiembre de 2014 deberá desclasificar la carpeta Urraca, veinticinco años después de su muerte.

PEDRO URRACA RENDUELES, UN CRIMINAL PROTEGIDO.

Pedro Urraca Rendueles (1904-1989) escribirá uno de los capítulos más funestos de la historia contemporánea de España y muy en particular de Cataluña. El 8 de noviembre de 1939 será nombrado Agregado policial en la Embajada de España en París, sita en la incautada sede del PNV de la avenida Marceau, 11. Local, por cierto, que después de ser nuevamente espoliado al Gobierno de Euskadi en 1951, sigue en manos de España. Urraca será uno de los protagonistas de un gran proyecto de Estado, recibirá el encargo de convertir en un infierno el exilio de destacados dirigentes republicanos, principalmente vascos y catalanes, huidos a Francia al final de la Guerra Civil.

Pero no estará solo. Formará parte de la red exterior secreta de espionaje y contraespionaje que Franco había montado en Francia en 1937, en plena Guerra Civil. Una telaraña, cosida también por la policía secreta nazi y el régimen de Vichy, que extorsionará, deportará y asesinará a exiliados republicanos transgrediendo el derecho internacional con total impunidad. En la sede diplomática lo recibe el embajador, el pronazi y ferviente antisionista José Félix de Lequerica, con quien sintonizan inmediatamente. Lequerica había sido alcalde de Bilbo entre 1938 y 1939.

Desde la Avenida Marceau salieron las órdenes de captura contra el presidente Azaña, el president Lluís Companys, el exministro Zugazagoitia, el cuñado del presidente Azaña, Cipriano Rivas Cherif, el exministro Mariano Ansó, el lehendakari José Antonio Aguirre y demás políticos democráticos republicanos y nacionalistas, algunos de los cuales fueron fusilados, otros encarcelados y los demás murieron en el exilio.

Julián Zugazagoitia había sido detenido el 27 de julio de 1940 por el mismo procedimiento que se utilizó con Companys, en presencia de Urraca y de varios agentes secretos alemanes. En un juicio sumarísimo, y después de instruir una causa que se prolongó hasta el 16 de octubre, se le condenó por rebelión según el código de justicia militar. El 9 de noviembre de 1940 fue fusilado en Madrid junto a la tapia del cementerio del Este.

En el caso del Lehendakari Aguirre, fue detenido por este equipo represor en los primeros meses de 1940, cuando sostenía el Gobierno Vasco en el exilio en París. Pero tras la invasión alemana, perseguido igualmente por la Gestapo, con la cual colaboraba estrechamente Urraca, en junio logró escapar a Bélgica. Tras un periplo por distintos países europeos, logró embarcarse hasta Brasil y luego se trasladó a EEUU, donde presidió el ejecutivo vasco en el exilio. En 1946 regresó a Francia y volvió a formar un gobierno en el exilio. En 1951, el gobierno francés, en represalia por haber alentado manifestaciones masivas en Euskadi, espolió de nuevo la sede de la Avenida Marceau, entregándola de nuevo a los franquistas.

ALGUNOS ESCRITOS DE URRACA EN SUS DIETARIOS.


El 17 de noviembre de 1937, escribe en un su dietario desde Saint Jean de Luz, donde pasa unos días de descanso:

"Derrotados de la guerra, los nacionalistas vascos arrastran su humillante derrota con mucho dinero para soportarla. Los desheredados de la fortuna que tuvieron buscando un futuro, viendo muertas sus expectativas por el triunfo de los nacionales en el norte, han huido cobardemente al sur de Francia. Los vascos, por naturaleza, son cobardes".

En un extenso informe policial redactado por Urraca a instancias de su superior, el agregado militar Antonio Barroso, y fechado el 30 de mayo de 1941, Urraca presume de haber anulado las actividades políticas de los republicanos en Francia e incluso de haberlos borrado del mapa por distintos procedimientos. "Hoy día todas las actividades políticas de los refugiados españoles en Francia pueden considerarse como anuladas aparte de algunos elementos anarquistas y comunistas que trabajan como si dijéramos por su cuenta. Detenidos algunos Jefes, muertos otros, emigrados una gran parte, las huestes llevan una vida poco agradable en estos momentos en que, faltos la mayoría de dinero, se encuentran acosados por las Autoridades Francesas que, en estos momentos, por disposiciones del Gobierno, no desean tener elementos extranjeros en el país, que pudieran ser origen de actividad política, alteraciones de orden público y tumultos", escribe el policía.

También señala que ha detectado varias entidades que se han volcado en la ayuda económica y moral a los exiliados republicanos. La más destacada es la Asociación de Amigos de la República Española (AARE), con sede en la avenida de la Grande Armée, que "dispone de dos comités especiales, uno para los vascos y otros para los catalanes y cuenta con la colaboración de los principales políticos franceses". Con estos argumentos da prácticamente por liquidado el "problema de las hordas rojas" en Francia, y aprovecha para recontar algunas de las gestas en las que ha participado hasta llegar a la situación actual de teórico exterminio. Se refiere al ya asesinado Companys y también a la situación de los consejeros de la Generalitat Josep Tarradellas y Ventura Gassol, sobre quien apunta unas líneas para informar de que algunos exiliados que llegaron a Marsella con la intención de embarcar hacia América fueron también interceptados: "Llegaron las detenciones de algunos de ellos. En una y otra zona –la libre y la ocupada–. Luis Companys, como se recordará, fue detenido en La Baule, playa donde marchó al llegar las tropas alemanas a Francia. [...] Más tarde, en zona libre, fueron detenidos Manuel Portela, Juan Morata, Francisco Sánchez, chófer de Negrín, Pilar Lubian, Mariano Anso, Ildefonso Irala -funcionario del Gobierno vasco-, Ventura Gassol, Tarradellas y algunos más. Y aun cuando las autoridades francesas dejaron en libertad, posteriormente, a algunos de ellos, en otro de nuestros viajes a aquella ciudad se volvió a detener a la mayoría de ellos".

ETAPA EN BRUSELAS.

Tras la liberación de Francia, Urraca huye, condenado a muerte por Francia. Tras una corta estancia en Madrid, consigue un nuevo puesto en Anveres, esta vez, para cazar a los rojos que huyan a Bélgica. Hace ya más de un año que los servicios de información belgas y franceses colaboran en el objetivo común de poner rostro al nombre de Pedro Urraca. Literalmente, porque no se dispone de foto alguna que haga más fácil su identificación y arresto. Así, el 27 de julio de 1946, la policía belga pide información a diversas embajadas sobre este español, pues tiene indicios de que se encuentra clandestinamente en su país. Y es verdad. Hace ya casi dos meses que la familia Urraca se ha instalado en un piso de Bruselas. Elena Cornette acompaña a su marido en todos sus viajes a Holanda, Luxemburgo y Suiza, mientras que su madre y el pequeño Juan Luis hacen vida normal en la ciudad.

En una carta que se conserva en el archivo histórico del Gobierno de Euzkadi, el delegado del ejecutivo vasco en Bélgica, Martín de Lasa y Erzilla, comunica a su homólogo en París, José Antonio de Duranona, que las autoridades belgas piden cualquier detalle sobre este policía que les ponga tras la pista de su ubicación. "Los de la Securité Belge se interesan por conocer detalles de la actuación en Francia de un ‘hispano’ que fue Jefe de la Policía franquista y se llama Pedro Urraca. Parece que este personaje indeseable se encuentra en Bélgica clandestinamente y quieren a todo trance localizarlo. Me piden si podemos facilitarles datos de su ‘vida’, e incluso, y con gran deseo, una foto. ¿Los medios republicanos no pueden obtenerla? Contéstame cuanto antes pues he prometido que el jueves próximo tendré una respuesta de nuestra pomposa Embajada vasca". La respuesta no llega y los belgas vuelven a preguntar a los vascos. En una segunda carta enviada al delegado en París, De Lasa insiste en que la información es urgente y se pregunta cómo es posible que no hayan podido aportarle el menor dato. "Lo de Urraca se ha pasado al servicio competente", recibe por toda respuesta desde la capital francesa.

Entre la documentación que guardó hasta su muerte están las fichas originales que elaboraba de todos los españoles que interceptaba entrando o saliendo de Bélgica, con información sobre su domicilio, profesión, amigos, contactos, historial familiar y político, etc. Este material era enviado por valija diplomática a la Dirección General de Seguridad. La documentación conservada pone en evidencia una especial intensidad de los controles en dos períodos: durante los primeros años de la década de los cincuenta, cuando el PCE era el objetivo número uno del aparato represivo del franquismo, y entre finales de los sesenta y diciembre de 1976, años en que la persecución del comunismo se reaviva y a la que se añade, además, un nuevo elemento de desestabilización del Régimen, ETA. A partir de 1973, a raíz del atentado contra Luis Carrero Blanco, Urraca dejará más de lado la caza de comunistas para centrarse en ETA. En sus escritos siempre hablará de "miembros de ETA" o "separatistas vascos", nunca de "terroristas".

ARCHIVO DEL NACIONALISMO VASCO.

Parte de esta investigación se ha podido llevar a cabo gracias a la colaboración del Archivo del Nacionalismo Vasco, gestionado por la Fundación Sabino Arana. Con la caída de París, aprovechando el éxodo de republicanos, los funcionarios españoles a las órdenes del embajador Lequerica habían conseguido apropiarse de los locales el Partido Nacionalista Vasco, convirtiéndolos en la base de operaciones en Francia de la Comisión de Recuperación de Material que se dedicaría a confiscar las propiedades de organizaciones republicanas y personas exiliadas.

El Archivo conserva abundante documentación sobre la actividad de Urraca y de la Comisión de Recuperación de Material en Francia, que se encontró en unas cajas en los locales de la Embajada española en París, antes sede del PNV, cuando la delegación franquista huyó de la capital francesa tras la derrota alemana. Creada por el gobierno franquista para gestionar la confiscación de bienes de exiliados republicanos en Francia, Bélgica y Holanda, la actividad de la Comisión dejó abundante material de correspondencia firmada por Urraca, que dio muchas pistas sobre la actividad del policía en París.

SOBRE LA AUTORA.

Gemma Aguilera Marcual (Sant Boi de Llobregat, 1979) es periodista. Trabaja en la sección de economía del semanario EL TEMPS. Es autora los libros Carod-Rovira. El árbitro de Catalunya (2003); Neandertals, una humanitat extingida (2009), On-off, la energía que mueve el mundo (2010) y es coautora de La gran bacanal. La política desorbitada de les infraestructures de l’estat (2012). Recibió la distinción de honor en periodismo escrito en los Premis Ciutat de Barcelona 2007. Por la obra Agente 447. El hombre que detuvo a Lluís Companys recibió el Premi Octubre de ensayo 2011.