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miércoles, 16 de enero de 2013

Reflexiones propias y lo que me escriben (Por Francisco Gras).

Hace unos días me encontré con algunos amigos de muchos años atrás, nos vimos poco durante muchos años, cada quién ocupado en sus cosas, en su familia, en su trabajo, de vez en cuando nos hablábamos y de muy de vez en cuando nos reuníamos, hoy, todos tenemos entre 60 y 70 años, la mayoría esta “desempleado”, otros, jubilados y, casi todos aburridos, preocupados de más, cargando costales que no son de ellos ni pueden sostener con sus pies cansados y sus espaldas dolidas, hablan de los viejos tiempos, de cómo éramos antes, de cómo podíamos pelear y protestar, de escuchar música, de comer bien, de tomar mejor, de cantar mucho, de amar y reírnos más, en cambio ahora, dicen con nostalgia, parece que todo es diferente o son distintos los jóvenes y no se dan cuenta de que no cambian los jóvenes, cambian los tiempos y ellos con el tiempo, se vuelven o nos volvemos más intolerantes, pomposos, dogmáticos, perversos, manipuladores, cretinos y engreídos.

Pensamos que todo lo hemos vivido y que todo lo sabemos sin entender que nada somos ni sabemos mucho más, que no sabemos casi nada de lo mucho que hay por aprender y ver y sorprendernos. Lamentamos y nos quejamos, criticamos, queremos enderezar a otros cuando no estamos rectos ni derechos, en fin, seguramente, la gran cantidad de tiempo libre y el ocio nos hacen intolerantes y necios...

Perdimos la capacidad de sorpresa, de ver con ojos nuevos las cosas viejas, de alegrarnos al vernos en vez de quejarnos al encontrarnos e intercambiar chismes y quejas y recetas de dolencias y malestares, de ver de reojo a las bellas chicas en vez de ver su belleza y juventud, de ocultar las arrugas y lamentar la pérdida de pelo y lo mal que vemos hoy en día, no volvemos a leer lo nuevo, muchos, andan releyendo por varias veces, viejos libros que, dicen, son clásicos, cuando huelen a polvo y dicen cosas del pasado que no tendrá regreso.

No quieren leer lo nuevo ni escuchar la música de hoy, ni ver la pintura actual, ni el arte del día… como que están o estamos muriendo de tedio y de soledad, de viejo, de apolillados y retrasados, de no ver para adelante sino estar volteando para atrás, con los recuerdos y no con las vivencias, con los suspiros y no con las tendencias…

Cuando veo esto, me aterro y no quiero quedarme ahí, prefiero que me digan viejito loco y que se burlen de los colores que me pongo porque me da la gana y porque quiero y me vale lo que digan o piensen los demás, total, estoy consciente de que el tiempo me ha permitido ser lo que soy y como soy, con todos los defectos y con las muchas virtudes y alegrías del momento.

No pienso jubilarme ni recluirme ni quejarme jugando cartas, ajedrez o dominó, cuando puedo caminar y ver el día y gozar la noche y, leer todo el día lo que no pude cuando estaba ocupado y perdiendo mi tiempo. Hoy, todo el tiempo es mío, no busco pasar a nadie ni subirme en sus puestos ni competir para ver quién es mejor o quién tiene más o logra algo, solo vivo porque el tiempo se me va y lo trato de parar y solo logro caminar más lento para paladear mejor los momentos…los actuales, son, también, mis tiempos, como lo fueron los ayeres… vivamos el momento.

CON ESE TEDIO Y LLANTOS AL POR MAYOR, HE VISTO COMO MUCHOS DE MIS AMIGOS SE VAN ENTERRANDO CON SUS QUEJAS Y PALABRERÍA CHOCHA, VIEJA, APOLILLADA, ATRASADA, QUEJUMBROSA... Como se van alejando de lo nuevo y van acostumbrándose a no hacer nada, a detener el tiempo, no lo alientan, lo detienen y eso es lo que les mata, no saben vivir los minutos y los días y los años, solo cuentan los que creen que les faltan como si fueran adivinos y no vieran que hay gentes de noventa que andan como si nada y tienen planes para hoy y mañana y para vacacionar y ver crecer a hijos, nietos y bisnietos o tataranietos, es sorprendente, hay viejos que no tienen ese tiempo atrapado y silenciado, lo viven y cantan y bailan y leen y buscan y se sorprenden por nada o por todo, no se quejan, hacen, buscan, estudian y escuchan la nueva música y la viven y vibran.

Se alegran y se saben reír, con llanto a veces porque en la soledad y en los tiempos de hoy que acumulan los de antes, las lágrimas están mostrando las sales de la vida y del sabor de los días y de los años.

No se quejan de lo rápido que ahora parece pasar el tiempo, al contrario, buscan acelerar los ritmos y hacer las cosas con esa nueva prisa que todo impacta, usan la computadora y conocen nuevas leperadas y gozan los ritmos nuevos y las canciones de protesta y que dicen groserías como si nada, no se espantan por los encuerados que salen en el cine o la televisión sino que les llegan los recuerdos y se les acelera el pulso y el corazón, se les reviven las hormonas y suspiran.

Ay, si tuviera unos cuántos años menos, lo mucho que podría hacer y lo haría con todo el gusto y sin miedos ni perjuicios, sin pensar en lo que dirán los demás sino en el placer de hacerlo por hacerlo, salgan bien o salgan mal, total, lo importante es experimentar, que es lo que se les olvida a muchos viejos, no importa la edad que acumulen y tengan… hay viejo jóvenes que son peores que los viejos viejos… no saben vivir y aprenden a morir muy pronto o, están muertos ya, sin saberlo.

Ojalá, hubiera escuelas para aprender a vivir, a ser maduro o para ser viejo y saber entenderlo, si en la juventud, cuando todo es búsqueda y entendimiento no sabemos lo que es en verdad la vida, menos lo sabemos cuando somos viejos y estamos en los finales de la misma… ojalá, podamos tener universidades para adultos mayores o para viejos que quieren aprender más, antes de dejar de entender y ver, de sorprenderse y quejarse.

Me escriben:

Mi amigo Francisco Gras (bilbaino en Dallas), que no deja pues de experimentar, escribir, leer, trabajar, crear y conservar amigos, me envió un correo donde, en Bilbao, existen 445 adultos mayores, viejos pues, que estudian en el Aula de Experiencia de Bilbao. La Obra Social BBK ofrece más de 300 actividades para este colectivo, así, muchos, son los que pisan las aulas por primera vez, otros se ponen de nuevo ante los libros y los hay que hacen los deberes con sus nietos.

Todos han rebasado la cincuentena, son jubilados y a todos le mueve las ganas de superación, de seguir formándose, de abrirse nuevos horizontes, son personas con inquietudes y con una amplia experiencia que hoy comparten pupitre.

Es un espacio de encuentro en el que puedan desarrollar sus habilidades y seguir creciendo”… no se van a refugiar en las cartas y en los recuerdos, no, van a seguir creciendo con la vida y no enterrándose en vida, como lo hacen muchos que ya son desplazados y arrumbados en las esquinas y molestan a sus familiares y se confrontan con sus hijos y nietos por sus necedades y costumbres, porque la soledad genera miedo y el miedo hace violentos a muchos viejos y jóvenes que no sabe qué hacer con su quehacer y con su vida, esta experiencia debería ser estudiada y tomada en cuenta en muchos lados donde desaprovechamos y enterramos a los viejos que tienen ganas de seguir haciendo y creciendo, en vez de estar ahí quejándose e inventándose dolencias, recuerdos, llorando, compadeciéndose de sus años y malestares en vez de seguir viviendo.

Es una buena experiencia pienso y creo que debería ser no solo estudiada sino aplicada con las universidades o abriendo un espacio en ellas, nos sorprenderíamos de lo mucho que todavía podemos aportar y dar.

Si hay organismos para atender a los ancianos, deberían existir para continuar desarrollándose. Y no tratándose como viejitos quejumbroso a los que hay que entretener.