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lunes, 7 de julio de 2014

¿Sandino hizo suyo el cooperativismo de Belausteguigoitia? (Por Iban Gorriti).

Un periódico nicaragüense asegura que el revolucionario incorporó a su doctrina el supuesto “cooperativismo anarquista vasco” que defendía el jurista alavés del PNV.

¿Pudo el histórico líder revolucionario nicaragüense Sandino adoptar la visión de cooperativismo vasco del alavés Ramón Belausteguigoitia, del PNV, en los años 30? Hay analistas que así lo estiman y creen que el americano pudo hacer suyo parte del ideario del de Laudio tras los encuentros diarios que mantuvieron ambos durante dos semanas en Nicaragua. Es decir, ¿cabe pensar que las bases democristianas del partido jeltzale pudieron tener algo de peso en los dogmas del ideario del denominado General de los hombre libres?

El escritor e historiador Jorge Eduardo Arellano así lo valora en una columna de opinión del periódico El nuevo diario de Managua, reflexión publicada estos días bajo el título Sandino y sus ideas. Arellano valora algunas corrientes que él estima que él percibe en los escritos del líder revolucionario: “El sindicalismo de raigambre socialista que había vivido y absorbido durante sus formativos años en México, el cooperativismo anarquista vasco que le planteó Ramón de Belausteguigoitia en el libro Reparto de tierras y problema nacional (1933) -inspirador de su proyecto socioeconómico de carácter utópico-, más el teosofismo de Joaquín Trincado”.

¿En Nicaragua, el discurso de Belausteguigoitia puede ser considerado como “cooperativismo anarquista vasco”? El portal de internet About Basque Country se sorprende con la utilización por parte del autor de esos términos, pero cree que tiene una explicación. “La pregunta es por qué sus planteamientos cooperativistas pueden llegar a ser definidos como anarquistas. Sin duda, es debido a que la idea cooperativista que está inserta en el alma del nacionalismo vasco de esa época (y que fue el germen del cooperativismo vasco de hoy) es revolucionaria”, valoran sus autores, que han dado a conocer la noticia de la que se hace eco DEIA con su permiso.

Continúan: “Es revolucionaria porque se sitúa, a un tiempo, en oposición al capitalismo desalmado y al marxismo deshumanizador. Puede que, por eso mismo, Sandino asimilase sus ideas con facilidad, porque esa visión anticapitalista y antimarxista era la que guiaba su pensamiento político. Resulta curioso ver cómo hoy en día ese convencimiento de la existencia de una tercera vía, claramente presente en el nacionalismo vasco de los años 20 y 30 del siglo pasado y alimentada profundamente por la doctrina social de la Iglesia, sigue siendo tan revolucionaria que merece la etiqueta de anarquista”.

DUDAS.

Este diario ha consultado a otros analistas. Luis Fuentes, secretario general del sindicato CNT entre 1999 y 2002, se muestra escéptico: “No creo que, en dos semanas de encuentro, a una persona con criterio y filosofía como era Sandino, por muy hábil que fuera Belausteguigoitia, pudiera influenciarle tanto. Eso significaría que el perfil de Sandino era muy débil, cosa que no era así”.

Sin embargo, la web About Basque Country, constituida en Barakaldo, incide en que les impresiona “la frase con la que el historiador nicaragüense describe el cooperativismo basado en los principios de la doctrina social de la Iglesia que guiaban a este nacionalista vasco, como cooperativismo anarquista vasco. Eso sí que es ser un revolucionario”, valoran.

Otra impresión llega desde Italia a DEIA, de manos del profesor de la Universidad de Bari y autor del libro ELA en la Segunda República (Txalaparta, 2011), Dario Ansel. Este docente califica de “demasiado atrevida” la percepción de Arellano a la hora de denominar el cooperativismo de Belausteguigoitia como anarquista, y agrega que quizás pudo tener algo de influencia en Sandino, pero prefiere no postularse por no ser este líder parte de su ámbito de estudio. “La opinión me parece demasiado atrevida. Además, Belausteguigoitia era nacionalista y punto. Gran estudioso de la cuestión social (sobre todo en el ámbito agrario y pesquero), fue uno de los reformadores dentro de la heterogénea comunidad nacionalista. Es decir, en los años 20 no fueron muchos los que lo escucharon, porque su pensamiento chocaba con la línea del partido, en aquella época claramente filoburguesa”, contextualiza, y pasa a analizar el tema en cuestión: “Sobre la cuestión del cooperativismo, es evidente que la experiencia vasca, teórica y prácticamente, fue muy peculiar, pero en absoluto revolucionaria. El cooperativismo fue una pieza fundamental de la doctrina social cristiana, mientras que los socialistas la miraban con cierta desconfianza, aunque muy pronto entendieron bien sus potencialidades”.

Dario Ansel va más allá en su razonamiento: “Lo que es cierto es que en aquella época algunos sectores barajaban, en serio y no solo con palabras, la posibilidad de crear un sistema que fuera realmente una alternativa al capitalismo y al socialismo y, ahí, el cooperativismo era, junto al mutualismo, un factor fundamental en esta tarea, en cuanto permitía conciliar la salvaguardia de la propiedad con el bienestar común: los objetivos eran el fomento de la pequeña propiedad y de la propiedad colectiva. En fin, no sé decir si Sandino haya podido tener en cuenta el pensamiento de Belausteguigoitia en este campo, pero mi opinión es que definir como anarquista el ideario de Ramón me parece desvirtuar su pensamiento. Él era nacionalista y sus ideas fueron compartidas por muchos de sus compañeros. Es suficiente ojear el programa de ELA, y hasta algunas de las directrices sociales dictadas por el PNV durante la República, para darse cuenta de eso”, concluye el de Bari.

A FAVOR.

El analista político y jurista Iñigo Landa deja una puerta abierta a la posibilidad de que Sandino sí se armara de pensamientos del alavés. “Por supuesto que Belausteguigoitia podría haber tenido cierta influencia en el cooperativismo nicaragüense estructurado por Sandino. Sí queda claro que reflejó lo que había en el pueblo vasco: una sociedad horizontal con pocos caciques y mucho auzolan y cooperación... y sin reyes”, valora el bilbaino.

El encuentro entre el escritor, jurista y especialista en materias agrarias, el alavés Ramón Belausteguigoitia (Laudio, 1891; Madrid, 1981) y Augusto César Sandino (Niquinohomo 1895; Managua, 1934) se produjo en el Campamento del Ejército de La Libertad en Nicaragua y quedó impreso para la historia en el libro Con Sandino en Nicaragua. La hora de la paz, obra de 1934 del literato vasco. La publicación se concretó tras dos semanas de encuentros con quien consiguió sacar las tropas de colonización estadounidenses de su país en la primera mitad del siglo XX. “Unas veces, el caudillo me llamaba a mí y otras iba yo a visitarle a su casa, que custodiaba su guardia personal con ametralladoras en sus manos”, escribía Belausteguigoitia y continuaba: “Me recibía sonriendo y abrazándome, como era su costumbre”.

El de Laudio calificaba en su libro al revolucionario como “el Pancho Villa de la revolución nicaragüense”, “un espíritu delicado y fino, un hombre de acción y un vidente”, escribió siendo corresponsal de prensa en Nicaragua quien fue futbolista ganador de la Liga entre 1914 y 1916 con el Athletic, como también su hermano José María. Fue corresponsal de guerra y gran viajero. Vivió en México y fue miembro activo del Centro Vasco de México y de la oposición antifranquista.