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martes, 4 de marzo de 2014

Neguri y Falange, 42 años en la Alcaldía de Bilbao.

Conocí a Iñaki Egaña en una Feria del Libro y Disco Vasco de Durango (Durango Azoka) hace un montón de años. Me lo presentó la difunta Dora Gras (G.B.), hija de un capitán de un Batallón adscrito a Izquierda Republicana caído en combate en la Batalla de Villarreal de Araba. No dejó de recordar y honrar la memoria de su padre caído en aquélla cruenta Guerra Civil hasta el final de su vida. Si cabe, me permito recordar que la plaza que preside el Ayuntamiento de Bilbao se llama Ernesto Ercoreca y que, éste, fue alcalde de Bilbao siendo el único edil de Izquierda Republicana.

Todo ello me viene a la cabeza de una forma repentina cuando un amigo me ha enviado un artículo de Egaña, lo he leído y creo interesante compartirlo con vosotr@s. Dice así:

Aunque el término moderno de alcalde está relacionado con su elección democrática, no fue siempre así. La definición española (RAE) no hace referencia a las condiciones para su nombramiento. En cambio, la británica (mayor), lo considera fruto de la "elección popular". Durante 42 años (1937-1979), el alcalde de Bilbao fue elegido directamente por el gobernador civil de Bizkaia, hasta la Ley Local de 1945, y desde entonces, por el ministro del Interior español (entonces de Gobernación).

Por tanto, dichos "alcaldes", en función de su descripción, serían técnicamente "corregidores", representantes señalados por el rey (en este caso Interior) y no intendentes de una ciudad, "conquistada y humillada" militarmente como dijo su primer alcalde fascista, José María Areilza, al referirse a Bilbao.

Durante esos 42 años de dictadura, partido único y ausencia de cualquier tipo de libertades, con decenas de miles de detenidos por razones políticas y varios miles de ejecutados judicial y extrajudicialmente en Bizkaia por cuestiones ideológicas, Bilbao tuvo diez corregidores (alcaldes en terminología franquista) y tres interinos.

Fueron, por orden cronológico: José María Areilza (8 meses de mandato), José María González de Careaga (6 meses), Félix Lequerica (8 meses), José María Oriol (22 meses), Tomás Perosanz (22 meses), Joaquín Zuazagotia (198 meses), Lorenzo Hurtado de Saracho (54 meses), Javier Ybarra (67 meses), Pilar Careaga (72 meses) y José Luis Berasategui (45 meses). Los interinos fue José María Amann (1939), cuando Lequerica saltó de Bilbao a París, embajador de España en Francia, José María Espinosa (1959) y Roberto García-Salazar (1975).

Todos ellos pertenecían al partido Falange y juraron los llamados Principios del Movimiento, una especie de Constitución franquista. La mayoría procedían de la elite de Neguri, sostén bancario y económico de la dictadura y de la ideología del régimen. Areilza fue consejero del diario El Correo español, Celulosas del Nervión, Nitratos de Castilla e Industrial Resinera y presidente de Central Siderúrgica y Sociedad Española de Amiantos. González de Careaga había sido directivo de CEPSA y trabajó en negocios petrolíferos en Venezuela y EEUU. Lequerica, destacado dirigente de la Liga de Patronos de Bilbao, fue consejero de numerosas empresas, La Basconia, Banco Urquijo, Vidrieras españolas, Tubos Forjados...

José María Oriol y Urquijo fue el paradigma de la participación del Clan de Neguri en el Ayuntamiento de Bilbao. Fue consejero y presidente de cerca de 40 empresas, entre ellas algunas estratégicas para el franquismo como Babcock Wilcox, Fenosa, Banesto, Talgo, Hidroeléctrica Española (6.000 millones de beneficios anuales) o Unesa (80% de la energía eléctrica del Estado español). Su empresa dedicada a la energía atómica construyó las primeras centrales nucleares en España y promovió las de la costa vasca, en Lemoiz, Deba... En 1960 tramitó el desembarco de tres cajas procedentes de Nueva York con 69 kilos de hexafluoruro de uranio con destino a la Junta de Energía Nuclear de Madrid. Hitler le otorgó la Encomienda del Águila del III Reich.

Perosanz se dedicó a la actividad naviera. Zuagazagoitia, boticario antes que corregidor, fue director de El Correo español desde 1939 a 1950. Hurtado de Saracho fue consejero en varias empresas, entre ellas Firestone y otras relativas a la información (propaganda según los grupos clandestinos proscritos por el régimen), como Diario Vasco e Informaciones.

Javier Ybarra, de Neguri por nacimiento y matrimonio, tenía una larga tradición familiar, tanto empresarial como política. Fundador de Falange, fue uno de los artífices del golpe de Estado en Bizkaia en 1936. Sustituyó a su padre Gabriel, fundador del Banco de Vizcaya en el consejo, y fue director del mismo, Iberduero, Babcok Wilcox, Constructora Estraunza... y presidente de Diputación de Bizkaia, nombrado en 1947. Fue secuestrado y muerto por ETApm en 1977.

Pilar Careaga, también como su predecesor González de Careaga, heredó el apellido de su padre, conde de Cadagua, que había eliminado del mismo el término González. Su hermano Pedro fue presidente del Banco de Vizcaya, Iberduero y General Eléctrica y consejero de Babcock, Firestone, Sefranito y Altos Hornos. Ella se casó con el hermano del antiguo alcalde Lequerica, Enrique, empresario papelero y jefe de Puertos de Bizkaia. Pilar recibió en 1958 la cruz Pro Ecclesia et Pontifice otorgada por el Vaticano.

Los intereses económicos de estos alcaldes-corregidores (energéticos, financieros y en la construcción) prevalecieron sobre los municipales. El Ayuntamiento de Bilbao fue uno de los más corruptos del Estado, reconocido incluso por el propio régimen franquista. En octubre de 1948, más de 30 funcionarios de su Ayuntamiento tenían abiertos expedientes por malversación de fondos. Incluso uno de ellos, el falangista Fidel Castilla fue internado en la cárcel de Larrinaga por protagonizar un desfalco en el Ayuntamiento. Ese mismo año, otros dos funcionarios fueron imputados por falsificar 3.000 cartillas de racionamiento y enriquecerse con el estraperlo, en connivencia con policías.

La promoción de la alcaldía como negocio antes que como servicio, llevó a la capital vizcaína a convertirse, paradójicamente, en uno de los puntales económicos del régimen franquista y, asimismo, en una de las ciudades más depauperadas del Estado. En la década de 1950, una de cada cinco muertes en Bilbao lo era a causa de la tuberculosis. En octubre de 1947, fallecía en Bilbao de tuberculosis Garbiñe Unanue. Sus familiares no pudieron publicar en El Correo, dirigido entonces como la alcaldía por Zuazagotia, la esquela correspondiente porque les negaron insertar el nombre de la difunta.En ese mismo año de 1950, según la prensa, un millar de personas dormían a la intemperie en Bilbao, en las calles de San Francisco, Cortés, Miravilla y Zabala. Esa prensa señalaba que, en el invierno de ese año, dos indigentes habían muerto de hambre. Uno no tenía siquiera nombre, el otro se apellidaba Retana.

La especulación urbanística fue, asimismo, uno de los iconos del Bilbao franquista. Bilbao tenía 17.923 habitantes en 1857 y en 1960 pasaba ya de los 300.000 habitantes, es decir que en un siglo su población se había multiplicado por 17. De esos 300.000 habitantes de Bilbao, 142.000, menos de la mitad, habían nacido en su término municipal. En diciembre de 1965, la Gaceta del Norte decía que en Bilbao había nada menos que 17.000 niños sin escolarizar.

La explosión demográfica fue más rápida que la urbanística y erigió un cinturón de la miseria en torno a Bilbao, con miles de chabolas que, con el tiempo, se convirtieron en barrios. La propia prensa franquista calculaba que en esos años, entre 25.000 y 40.000 personas vivían en chabolas construidas en la periferia de la capital vizcaína, en unas condiciones infrahumanas. Semejantes restricciones, en especial sanitarias, originaron situaciones “tercermundistas”, como la epidemia de tifus que se declaró en 1958 en el barrio de La Peña. En agosto de 1957 Zuazagoitia ordenó quemar todas las chabolas y carromatos que un grupo de gitanos había establecido en las cercanías de San Mamés.

La higiene brilló por su ausencia. En 1969, la prensa contaba que la cantidad de ratas en la capital era de 750.000, es decir dos por cada habitante. En enero de 1972 se calculaba que eran ya dos millones las ratas que deambulaban por Bilbao. Durante 15 años, el suministro de agua estuvo cortado durante 10 horas, por la noche, hasta que se restableció en 1960.

Como delegados gubernativos, los alcaldes falangistas fueron protagonistas de la dictadura y sus efectos, en actividades puntuales y generales que jamás ocultaron y notificaron, a veces, a bombo y platillo. Desde Areilza hasta Lequerica, las ejecuciones de Derio eran anunciadas diariamente en la prensa. Abrieron cárceles provisionales en el Carmelo, Escolapios, Universidad de Deustu y Tabacalera, a sumar a la provincial de Larrinaga. En 1937 (Areilza) y 1973 (Careaga) cedieron la Plaza de Toros de Vista Alegre (junto a Zabalburu) para internar a los detenidos. La cesión de 1973 con cerca de 400 detenidos en un estado de excepción, provocó un escándalo aireado por la prensa internacional. Varios de los detenidos hasta 1960, murieron por torturas en dependencias policiales o penitenciarias. Pilar Careaga, asimismo, despreció los sucesos de Erandio, donde murieron dos vecinos que protestaban por la contaminación, Anton Fernández y Josu Murueta.

Areilza cambió el nombre a decenas de calles, integrando en el nomenclátor terminología fascista y lanzando un discurso que pasó a la historia: "Se ha jugado la existencia de España en el tablero de las armas. Se ha luchado. Se ha vencido. Que lo entiendan bien todos. Para siempre". Lequerica, que después de ser alcalde, fue embajador español en la Francia nazi, fue responsable de la detención de más de 1.000 refugiados, la mayoría del PNV. Intentó la detención del lehendakari Aguirre y no lo consiguió. Si, en cambio, la de Lluis Companys, presidente de la Generalitat, y la de Julián Zugazagoitia, concejal en el Ayuntamiento de Bilbao en 1931, dirigente del PSOE y director de El Liberal. Ambos fueron ejecutados por Franco.

En 1964, 27 años después de la caída de Bilbao en poder de los sublevados, el alcalde Ybarra, organizó la mayor parada militar producida en la capital vizcaína en el siglo XX. En esa fecha, el Ejército, con Franco a la cabeza, se apoderó de las calles de Bilbao, en un dispositivo militar inédito incluso, por su número, en tiempos de guerra.

La simpatía y militancia fascista de los intendentes convirtió a Bilbao en punto estratégico para la huida de los dirigentes nazis, acabada la Segunda Guerra mundial. De su puerto partieron para América centenares de genocidas a través de la red Odessa, dirigida por Otto Skorzeny. En Bilbao tuvieron pisos francos en las calles General Concha, Aguirre, Alameda Mazarredo, Ledesma, Colón de Larreategui, Licenciado Pozas... Friedrerich Lipperheide, miembro de las SS nazis, que ETA secuestró a su hermano en 1982, fue uno de los contactos con los ediles municipales.

Tal y como había relatado Areilza, Bilbao fue "conquistada para España" con vehemencia. La Virgen del Rocío (Sevilla) fue paseada por la Gran Vía en sustitución de la de Begoña. Decenas de vecinos fueron multados por hablar en euskera, tanto en los mercados como en los tranvías... En 1960, aquellos anuncios repartidos por el Ayuntamiento, aún podía leerse en algunos bares: "Por orden de la autoridad gubernativa se prohíbe blasfemar, cantar y hablar de política".

En 1965, el alcalde de Bilbao, Javier Ybarra Bergé, escribió con motivo del cumpleaños del dictador: “En nombre de la villa de Bilbao, este Ayuntamiento, y mío propio, ruégole elévele a S. E. el Generalísimo la más sincera felicitación en el día de su cumpleaños y su mejor deseo de que el Señor conserve su vida largos años en bien de la Patria y para que continúe estructurando el futuro tan acertadamente como lo va haciendo y de lo que es reflejo la reciente Ley Orgánica”.

En otros términos, casi medio siglo después, en 2008, el alcalde de la villa, Iñaki Azkuna, en una presentación sobre la biografía de los alcaldes de Bilbao realizada por la UPV, decía: "La época de la dictadura nos repele a los demócratas. Fue un régimen conservador, de extrema derecha, con un poder omnímodo. Fue la España más ultramontana e integrista la que apoyó a Franco, amén del Ejército. Estos apoyos, además de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, elevaron al poder al General Franco que supo mantenerse durante 40 eternos años, hasta su muerte. En el libro podemos ver una época llena de penalidades para Bilbao".

Unos años después, la honorabilidad o la indecencia de aquellos alcaldes, y la reflexión que hizo Azkuna en 2008 o su presunta revocación en 2014, han recobrado actualidad. El relato de la verdad y el reconocimiento de la época más terrible de Bilbao en tiempos recientes, siguen siendo asignatura municipal.

Hasta aquí el relato de Egaña, al que me veo obligado añadir que, existen siniestros personajes que, aún sin ser de Neguri-Getxo (ya que refiero a un madrileño de nacimiento y de defunción), ni llegar a ser un impuesto alcalde de la Villa de Bilbao, disponen con total inmunidad y en una manifiesta transgresión de lo articulado mediante la Ley de Memoria Histórica, de su propia calle o paseo en Bilbao.

Me refiero por enésima vez al cofundador de la Falange y ministro Franquista, Rafael Sánchez Mazas. En contra de lo que el alcalde Azkuna considera un literato, contrapongo que, dentro de esa "literatura" se encuentran los versos del "Arriba España" y del "Cara al Sol". Versos recitados, gritados o cantados por obligación y bajo diferentes penas en función a la situación: castigo en las Escuelas, arrestos en la calle, expedientes en la Administración, remoción en otros puestos de trabajo... y, hasta la asunción de penas menores de prisión promovidas por los citados Lequerica o Hurtado de Saracho.

Las autoridades competentes ya están al corriente de ésta anómala situación que, espero, sea corregida de una manera urgente y sin mayor dilación.