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jueves, 24 de octubre de 2013

Juan Carlos insiste: el príncipe no es el jefe del Estado… y pudiera no serlo.

Lo cierto es que, Constitucionalmente, Felipe no es nadie. Ejerce unas funciones delegadas por el heredero de franco que, perfectamente las puede ejercer como aspirante a rey pero, nunca, como "Jefable" del Estado. No es normal ver a generales pidiendo permiso a un Teniente Coronel (porque sí) para que una cabra pueda empezar a desfilar. No son normales muchas cosas pero, en este caso, me voy a ceñir a la acertada reflexión que hace Eulogio López (eulogio@hispanidad.com)


• Y lo repite RTVE, convertida por la Casa Real en su correa de trasmisión.
• Esto vale para el desfile de la Fiesta Nacional o para la próxima Cumbre Iberoamericana.
• Juan Carlos I exige a su hijo que controle a su esposa si quiere acceder al Trono.
• Desgraciadamente, para el Monarca, eso se concreta en el divorcio de los herederos y en la salida de su nuera de Zarzuela.
• Y la infanta Elena cobra protagonismo. Por ahora, sólo una coincidencia.
• Aunque hay que reconocer Letizia (con "Z")ha moderado su actitud.

Los españoles están aprendiendo mucho de protocolo gracias a RTVE, correa de trasmisión de la Casa Real. Por ejemplo, con motivo el desfile militar de la Fiesta Nacional, el pasado 12 de octubre, presidido por el Príncipe de Asturias, los locutores nos informaron de que el himno nacional duró justo la mitad (26 segundos) porque no estaba presente el jefe del Estado, sólo el Príncipe de Asturias. En la misma línea, los abanderados no inclinaron la enseña en la revista de la tropa, honor que se rinde al jefe del Estado y a nadie más.

En la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno (por cierto, ¿alguien tiene alguna idea nueva para la nueva edición de la Cumbre?) don Felipe sustituirá a su padre, pero no podrá participar, sino de forma tangencial, en las reuniones porque ni es jefe de Estado ni jefe de Gobierno. Sí, estas cosas se saben pero sorprende que la Casa Real, utilizando a la TV pública como correa de trasmisión, se empeñe en repetirlo.

Y mientras tanto, la infanta Elena, ahora desaparecida en combate, vuelve al proscenio en las actividades de la Casa Real. A fin de cuentas, es la heredera al Trono.

¿Qué está ocurriendo? Pues muy sencillo. La actitud renuente de la esposa de don Felipe, futura reina de España, Letizia Ortiz Rocasolano (con "Z"), no es la que el Monarca considera adecuada. Como ya informáramos en Hispanidad, la Casa Real ya preparaba el divorcio de los Príncipes, cuando el Monarca tuvo que ser ingresado de urgencia por sus problemas de cadera. Esto paralizó el proceso pero no lo anuló. El Rey exige, como condición para acceder al Trono, a su hijo varón que controle a su esposa. Éste, y eso le honra, intenta evitar una ruptura de un matrimonio -por lo demás, canónico, es decir, indisoluble- con la madre de sus hijas. Y esperemos que lo consiga.

Y el borbón no bromea. Buena prueba de ello es que ni los más pesados hablan ya de abdicación y sólo los muy jetas hablan de regencia. El Rey piensa seguir en su puesto a pesar de sus problemas de salud. No sólo eso, la infanta Elena ha adquirido, de repente, un protagonismo inusual en todos los actos de la Familia Real. Es como recordarle al heredero que mientras no sea rey, otros, y otras, pueden ser aspirantes al Trono.

Hay que reconocer que la princesa de Asturias (con "Z") ha moderado un tanto, durante las últimas semanas, su actitud montaraz. No es que haya convencido al Monarca de la permanencia de su cambio pero al menos es una buena noticia que ofrece una cierta esperanza para que no se rompa un matrimonio.