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viernes, 20 de septiembre de 2013

El futuro economico de una Catalunya independiente‏.

Sostenía Max Aub que “uno es de donde hizo el Bachillerato”, y eso puede explicar mejor que ninguna otra cosa que detrás del proceso independentista catalán se encuentren muchos de los mejores bachilleres de Cataluña. No es un recurso literario ni una fanfarronada de los próceres de la secesión. Se trata de una constatación empírica. Algunos de los economistas más laureados del país -desde luego los que tienen mayor proyección internacional- avalan el proceso. Y lo hacen, sin duda, desde el conocimiento.

Ellos son quienes suministran un auténtico arsenal intelectual a la Generalitat catalana desde sus cátedras en Harvard, Stanford, Londres, Chicago, Columbia o la Pompeu Fabra. Y ellos son quienes sostienen que Cataluña tiene futuro al margen de España. Incluso un futuro brillante. Aunque en algunos casos se tengan que comer su propia ideología. Como el economista Xavier Sala i Martin, como buen liberal ortodoxo, firme partidario del sistema de capitalización de pensiones, pero que en su apasionada defensa de una Cataluña independiente suscribe un manifiesto del denominado Colectivo Wilson en el que se asegura que las pensiones catalanas son viables con un sistema de reparto: “Si Catalunya fuera independiente y decidiera mantener el sistema actual de reparto, los trabajadores catalanes cotizarían en la seguridad social catalana, y el dinero de estas cotizaciones serviría para pagar las pensiones de los catalanes”.

¿Y quiénes son los miembros del Colectivo Wilson (que toma su nombre de un presidente estadounidense que proclamó el derecho de autodeterminación de las naciones, pero que también intervino de forma arbitraria y abusiva en Latinoamérica al calor del principio "América para los americanos" -la célebre doctrina Monroe-? Pues ni más ni menos que la flor y nata de los economistas catalanes, que dicen estar preocupados porque “determinados partidos políticos, medios de comunicación y analistas hacen campañas de desinformación que tiene como objetivo atemorizar a los ciudadanos de Cataluña y evitar que ejerzan libremente su derecho a decidir”.

Además del citado Sala i Martín, forman parte de este colectivo Pol Antràs (el catedrático más joven de Harvard y doctorado en el MIT); Carles Boix (catedrático en la Universidad de Princeton con doctorado en Harvard); Gerard Padró (catedrático en la London School of Economics) y Jaume Ventura (catedrático de la Pompeu Fabra y antiguo profesor del MIT). Además de Jordi Galí, probablemente el economista español con mayor proyección internacional. Como se ve, una delantera de lujo.

Galí, que se doctoró en el MIT bajo la dirección de Olivier Blanchard (economista jefe del FMI), es el actual presidente de la Asociación Europea de Economistas y hace pocos años se le llegó a proponer como premio Nobel de Economía. Es un neokeynesiano convencido, pero como en el proceso independentista catalán no hay un debate ideológico, sino sólo de carácter identitario, se ha volcado en el proceso. Y se lo cree a pies juntillas. Hasta el punto de que está convencido de que las pensiones en Cataluña serían “más generosas” si saliera adelante el proceso independentista.

Un Gobierno de concentración.

Desde luego que los economistas del Colectivo Wilson no son los únicos. El Consell per a la Reactivació Econòmica i el Creixement es el otro gran soporte. Su presidente es Salvador Alemany (también presidente de Abertis), y como sostiene alguien que conoce al dedillo los entresijos de los economistas de Cataluña, su pronunciamiento, en un sentido o en otro, sirve de termómetro sobre lo que realmente pasa en la Generalitat. Alemany -hilo directo con Isidro Fainé (La Caixa) y el conde de Godó (La Vanguardia)- lidera un auténtico Gobierno de concentración en el que aparecen economistas que se han caído del caballo del PSC, como Germà Bel; Jordi Gual, jefe del servicio de estudios de La Caixa (Universidad de Berkeley); Joan B. Casas, decano del Colegio de Economistas de Cataluña; Eugènia Bieto, directora general de Esade o Guillem López Casasnovas, consejero del Banco de España. Además de otro de los ‘príncipes’ de la economía española, Xavier Vives, premio Rey Juan Carlos de Economía y una de las trayectorias profesionales más brillantes de eso que Carlyle llamó la ciencia lúgubre. Junto a Jordi Galí es, probablemente, el economista más laureado.

No acaba aquí la musculatura intelectual de la vía catalana a la independencia. La vicepresidenta del Consell Assessor per a la Transició Nacional es Núria Bosch, catedrática de la Universidad de Barcelona y una de las mayores expertas del país en federalismo fiscal y saldos fiscales interterritoriales. Durante años ha estado a la sombra del anterior conceller de Economía de la Generalitat, Antoni Castells (PSC), pero ahora -como Germà Bel (antiguo diputado socialista en el Congreso)- ha abrazado las tesis independentistas y pone su currículo al servicio de la causa. Como en el caso del historiador económico Albert Carreras, antiguo decano de la facultad de Económicas de la Pompeu Fabra, y hoy número dos de Mas-Colell en el departamento de Finanzas
Y es que la influencia del actual conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, parece ser determinante. Muy determinante. Durante mucho tiempo se le consideró el mejor economista de España, o al menos el de mayor proyección internacional. No en vano, ha sido durante 15 años catedrático de Harvard, lo que da idea de su talla como economista (también sonó para el premio Nobel). Otra cosa es como político. Pero lo cierto es que ha sido capaz de tejer una tupida red de economistas que avalan técnicamente la independencia con argumentos sólidos. O el Concierto a la vasca, según el momento histórico, utilizando para ello un instrumento administrativo bien engrasado económicamente, el Instituto de Estudios Autonómicos, convertido en un formidable aparato propagandístico puesto al servicio de la causa.

El Colectivo Wilson ha colgado un comunicado conjunto titulado "Dos más dos son mil. Los efectos comerciales de la independencia". Se trata de un comunicado de 16 puntos que explica cuáles serían los efectos sobre el comercio y el PIB catalán si los ciudadanos decidieran votar a favor de la independencia. Este artículo es la base sobre la que se fundamenta el comunicado del colectivo. Además, este artículo explica los detalles de cómo se calculan los efectos comerciales de la independencia, y expone las hipótesis absurdas que economistas cercanos a partidos contrarios al derecho a decidir han utilizado para producir estudios catastrofistas.

Presente y futuro del comercio catalán.

El comercio catalán presenta dos características principales. En primer lugar, Cataluña es un país muy abierto al exterior. En 2005, la facturación catalana fuera de Cataluña alcanzó un 66% del producto interior bruto (PIB) catalán, mientras las importaciones provenientes del exterior (incluyendo el resto de España) constituyeron un 61% del PIB catalán. En segundo lugar, el comercio catalán muestra una muy significativa dependencia del mercado español: por ejemplo, aproximadamente el 50% de las exportaciones catalanas tienen el resto de España como destino.
El grado de apertura exterior de la economía catalana puede parecer elevado pero es aproximadamente el grado que nos corresponde dado el tamaño de nuestra economía. Como se observa en el Gráfico 1, que incluye datos de los 27 países de la Unión Europea (con la excepción de Malta, por falta de datos), los países pequeños tienden a tener economías más abiertas que los países grandes. Además, la apertura comercial catalana sólo es marginalmente superior a la que se hubiera proyectado con los datos del resto de países de la Unión Europea.

La dependencia del comercio catalán del mercado español es más singular. Los países europeos con tamaño similar a Cataluña muestran una mayor diversificación en el destino y origen de sus transacciones exteriores. Por ejemplo, las exportaciones de Irlanda están muy concentradas en los Estados Unidos y Gran Bretaña, pero estos destinos constituyen sólo el 24% y el 16%, respectivamente, de las ventas exteriores de Irlanda. En el caso de Austria y Chequia, las exportaciones también están muy concentradas en Alemania, pero ésta recibe sólo el 30% y 32% de sus exportaciones, respectivamente.

¿Cuáles son las causas de esta dependencia del comercio catalán del mercado español?

Un factor muy importante es lo que los economistas llaman el efecto frontera. En especial, la evidencia empírica demuestra que las regiones de un mismo estado tienden a comerciar mucho más entre sí que con las regiones de estados diferentes, incluso teniendo en cuenta el tamaño de estas regiones y la distancia entre ellas. Parte del efecto se puede explicar por la existencia de lenguas y regulaciones comunes, pero una parte importante del efecto permanece sin explicación y a menudo se asocia con inercias provenientes de períodos en que era mucho más costoso comerciar entre estados. De esta manera, y en el caso particular de Cataluña, un factor fundamental para entender la desproporcionada importancia del mercado español en el comercio catalán es el hecho de que la economía española permaneció cerrada al exterior durante gran parte del siglo XX. Los productores catalanes de antaño no les quedaba otro remedio que vender sus productos en el resto del estado español. Esto hace que hoy en día, a pesar de que el mercado español esté abierto a productos de toda Europa, este mercado prefiera todavía comprar productos catalanes que están mejor adaptados a sus necesidades.

Un segundo factor importante para entender la limitada orientación de las ventas catalanas al extranjero es la política de infraestructuras llevada a cabo por el estado español que se ha negado en repetidas ocasiones a financiar ciertos proyectos de infraestructura claves que habrían facilitado el comercio entre Cataluña y el resto de Europa. Un claro ejemplo es el reforzamiento del corredor mediterráneo. Una política de infraestructuras centralizadora conduce naturalmente a una centralización en los flujos comerciales.

Es importante remarcar, sin embargo, que la actual situación no parece permanente. En un mundo en el que las barreras comerciales entre los países son prácticamente inexistentes, el efecto frontera se va erosionando gradualmente a lo largo del tiempo. Algunas empresas catalanas se dejarán llevar por la inercia y seguirán vendiendo el mismo tipo de productos a empresas y consumidores del resto de España, pero otras empresas (quizás de nueva creación) desarrollarán nuevos productos con mayor demanda en el extranjero. Este proceso debería llevar a un nuevo estado estacionario en el que Catalunya lograra un grado de diversificación similar al de otros países y donde las transacciones con España no excedieran un 25% del total de ventas catalanas al exterior.

Aunque este proceso de diversificación podría ser considerablemente lento, las dinámicas que acabamos de describir ya son perceptibles en los datos agregados de comercio catalán. Como se observa en el Gráfico 2, el porcentaje de exportaciones catalanas con destino al resto de España ha bajado del 57% el año 2000 hasta el 47% en el año 2011. Proyectando linealmente en base a los datos de los últimos 12 años nos llevaría a pronosticar que el porcentaje de exportaciones catalanas con destino al resto de España alcanzaría el más deseable 25% de aquí a 30 años, es decir, en 2042. El hecho de que el mercado español es particularmente débil en estos momentos y parece que lo seguirá siendo en el futuro inmediato podría acelerar este proceso y, de hecho, proyectando en base a los últimos 3 años de crisis, el objetivo del 25% se podría lograr en tan sólo 13 años, es decir en 2025.

Los efectos de la independencia sobre el comercio con España y sobre el PIB catalán.

¿Qué implicaciones tendría la independencia para el comercio con España? En primer lugar hay que decir que consideramos altamente improbable que la independencia de Cataluña impida la libre circulación de bienes, capitales y personas entre Cataluña y el resto de Europa. Los motivos que nos llevan a esta conclusión están explicados con detalle en el documento "Europa, Europa" del Colectivo Wilson.(1) En cualquier caso, volveremos a este tema al final de esta sección y explicaremos cómo nuestros cálculos deberían ajustarse en un escenario muy improbable en el que Europa levantase aranceles a los productos catalanes.

Incluso en ausencia de aranceles, es natural preguntarse si la independencia reduciría el comercio entre Cataluña y el resto de España y aceleraría de forma artificial el proceso natural de diversificación de mercados que hemos descrito anteriormente. Un proceso que es claramente beneficioso a largo plazo podría volverse perjudicial a corto plazo si se hace de forma demasiado brusca. ¿Qué pasaría si de repente dejáramos de vender en España antes de encontrar compradores en el resto del mundo? ¿Qué efectos tendría esto para la economía de Cataluña? Esta preocupación es legítima y, dándose cuenta de ello, ciertos partidos políticos y sus analistas han tratado de atemorizar a los catalanes con cálculos catastrofistas. Por ejemplo, en un artículo en El País (24-09-2012), los economistas Ángel de la Fuente y José Vicente Rodríguez Mora afirman que los efectos de la independencia sobre el comercio catalán serían tan negativos que provocarían una caída del 9 por ciento del PIB catalán. ¿Es esto posible? Nuestra respuesta es un claro y contundente (2).

Quizás la mejor manera de entrar en materia es ponerse el sombrero de agitador del miedo para producir cálculos que "demuestran" que la independencia tendría resultados nefastos para Catalunya. ¿Cómo lo haríamos? En primer lugar, iríamos a los datos y observaríamos que la proporción de exportaciones catalanas que van destinadas al mercado español es el 50%. Como hemos mostrado antes, en los últimos años este porcentaje es un poco menor, pero redondeamos al alza para simplificar la exposición (¡y barrer para casa!). En segundo lugar, observaríamos que la ratio entre las exportaciones catalanas y el PIB catalán se estimó cuidadosamente (incluyendo servicios) por última vez en 2005, año en el que este porcentaje alcanzó el 66%.

El próximo paso es hacer una hipótesis sobre los efectos de la independencia sobre las exportaciones catalanas en el mercado español. Como se trata de generar miedo, imaginemos un escenario en el que España nos deja de comprar un 80% de las exportaciones después de la independencia. Esta hipótesis puede parecer muy exagerada, pero recuerde que nuestro objetivo es atemorizar a los catalanes y todo vale.

¿Podríamos ya llegar a la conclusión de que el PIB catalán caería un 0.8 x 0.5 x 66% = 26.4%? La respuesta es NO. Incluso en este escenario apocalíptico en el que perderíamos el 80% de las exportaciones en España es necesario hacer dos consideraciones.

Consideración #1: El volumen de exportaciones no se calcula de la misma manera que el producto interior bruto. Las exportaciones son una medida de producción o facturación y por tanto su valor incorpora no sólo el valor añadido por los exportadores, sino también el valor de los bienes intermedios utilizados en su producción. Algunos de estos bienes intermedios son producidos en Cataluña, pero otros son importados del extranjero (hay que recordar que dos tercios de las importaciones catalanas son bienes intermedios). Como consecuencia, el porcentaje efectivo de PIB catalán incorporado en las exportaciones catalanas en el resto de España es menor al 33%. La estimación de la cifra exacta es complicada y requiere utilizar datos de las tablas input-output de la economía catalana. Afortunadamente, Guinjoan y Cuadras Morató han hecho los cálculos necesarios y éstos llevan a la conclusión de que esta cifra es 22.5%.(3) Esto quiere decir que la pérdida de PIB o valor añadido (salarios, rentas del capital,...) asociada con una caída del 80% de las ventas catalanas en España no sería del 0.8 x 33 = 26.4%, sino del 0.8 x 22.5 = 18%.(4)

Consideración #2: En los cálculos anteriores, hemos asumido que todos los bienes que no se vendan en España se tirarán a la basura. Obviamente, esto es absurdo. Los empresarios catalanes no se quedarán de brazos cruzados e intentarán vender su producción a mercados alternativos. ¿A qué precio? Hagamos la hipótesis de que los empresarios catalanes deberán rebajar el precio de sus productos a la mitad para poder vender estos productos al resto del mundo. Esto quiere decir que a los españoles les gusta tanto el cava catalán que están dispuestos a pagar por una botella el doble de lo que están dispuestos a pagar los ciudadanos de otros países.(5)

Esta hipótesis es obviamente muy exagerada, pero recuerde que nuestro objetivo es asustar a los catalanes y todo vale. En este caso, pues, la reducción del PIB asociada con el boicot español sería la mitad que en los cálculos anteriores ya que las empresas catalanas podrían todavía rescatar el 50% del valor de los productos que ya no pueden vender en España. Esto quiere decir que la pérdida del PIB catalán sería de un 0.5 x 18 = 9%.

¿Qué ha pasado aquí? Nos hemos puesto el sombrero de agitadores del miedo y hemos "demostrado" que la independencia llevaría a una reducción del comercio con España que costaría a los catalanes el 9% del PIB. Es decir, las pérdidas debidas al boicot comercial de España se comerían todo el dividendo fiscal de la independencia (recordad que este dividendo es un poco más del 8% del PIB catalán). ¡Catalanes temblad! ¡Lo que la independencia os da con una mano, os lo quita con la otra!

Bueno, ya nos podemos sacar el sombrero de agitadores del miedo y volver a la realidad (buuuf!). La verdad es que este sombrero no nos queda demasiado bien a nosotros. Lo único bueno de este ejercicio es que ahora el lector ya sabe cómo calcular los efectos de una caída en el comercio con España sobre el PIB catalán. Para ello, sólo necesita elegir un escenario, es decir, necesita hacer dos hipótesis: (1) ¿Cuál será la caída de las ventas de las empresas catalanas en el mercado español?, y (2) ¿Qué rebaja deberán hacer estas empresas para que el resto del mundo les compre los productos que los españoles ya no compran?

Por ejemplo, si el lector quiere coger el sombrero de agitador del miedo y asumir que el boicot afectará al 80% de los productos catalanes y que esto nos obligará a vender todos estos bienes a mitad de precio, la tabla confirma que el efecto sobre el PIB sería el 9% que hemos encontrado antes. Pero si el lector se quita el sombrero y asume que el boicot comercial afectará a un 20% de los productos catalanes y que esto nos obligará a vender todos estos bienes con una rebaja del 35%, el efecto sobre el PIB sería solo del 1.6% ¿Con qué cifra nos quedamos? La diferencia entre estas dos cifras es brutal. Para poder utilizar esta tabla con sensatez, el lector necesita saber cuáles son los escenarios más relevantes. Es decir, hay que elegir bien las hipótesis de trabajo antes de lanzar cifras al aire.
Hipótesis #1: Empezamos primero con el efecto de la independencia sobre las ventas de productos catalanes en el mercado español. Cabe preguntarse primero: ¿por qué motivos tendrían que bajar las ventas de productos catalanes en el mercado español tras la independencia? Hay dos posibilidades. La primera es que los ciudadanos y las empresas de España boicoteen los productos catalanes. La segunda es que la independencia acelere de forma muy brusca el proceso de diversificación de exportaciones.

Nuestra primera reacción ante un escenario de boicot es de incredulidad. El boicot perjudicaría de forma igual en España y en Cataluña. Si los españoles hoy en día nos compran muchos productos y están dispuestos a pagar más que el resto del mundo por estos bienes, debe ser por algún motivo. Si de repente los españoles ya no nos compran estos productos, es seguro que sufrirán. Y, entonces nos preguntamos, ¿por qué los españoles se harían daño a sí mismos negándose a comprar productos catalanes? Quizás lo que más nos ha sorprendido de todo este debate es que los adversarios de la independencia parecen estar seguros de que los españoles son tan irracionales y vengativos que están dispuestos a hacerse daño a sí mismos para castigar a los catalanes. Nosotros no creemos que esto sea probable. Los españoles tienen el mismo “seny” que nosotros y seguro que harán lo que más les convenga cuando llegue el momento. Las amenazas de boicots sufren el mismo problema que las amenazas de dejar Cataluña fuera de Europa: no son creíbles. Es decir, ahora les interesa anunciar boicots, pero cuando llegue el momento, debido a sus propios intereses encontrarán difícil cumplir estas amenazas.(6)

Imaginemos de todos modos que los ciudadanos y las empresas españolas actúan irracionalmente y prefieren dejar de comprar productos catalanes. Los cálculos anteriores (hechos con el sombrero de agitador del miedo) asumen que el boicot es de un 80%. ¿Es esto posible? La respuesta es rotundamente NO. En primer lugar se hace difícil pensar que los consumidores y empresas españolas boicoteen a las empresas multinacionales localizadas en Cataluña como Nestlé, BASF, Volkswagen, Nissan o Repsol. Un motivo es que es difícil distinguir si los productos de estas empresas vienen de Cataluña o de otros lugares. Otro motivo es que los españoles no querrán perjudicar las empresas de sus socios europeos (como Volkswagen) y, aún menos, sus propias (como Repsol). En 2006, el conjunto de empresas multinacionales con sede fuera de España aportaron un 40% de la facturación manufacturera en Cataluña. (7).

No tenemos cifras de su aportación a las exportaciones catalanas en el mercado español, pero parece razonable que esta cifra no será muy diferente a la de su aportación a la facturación. Esto significaría que un boicot a los productos catalanes no puede afectar más del 60% de las exportaciones. Obsérvese que este 60% no incluye las ventas de empresas con sede en el resto del estado español, muchas de las cuales no sufrirían un boicot. Pero como no tenemos datos exactos de este porcentaje, seamos conservadores y quedémonos con el 60%.(8).

Pasemos ahora a las empresas con capital mayoritariamente catalán. ¿Qué pasaría con sus exportaciones? Nos es difícil producir una estimación de este efecto pues asume un comportamiento irracional por parte de consumidores y empresas del resto de España. Quizás una hipótesis razonable es que esta irracionalidad afectará más a los consumidores que los empresarios. Esto implica que el efecto será mayor para los bienes de consumo o finales que por los bienes de capital o intermedios. Los datos de exportaciones catalanas de 2011 muestran que sólo un tercio (1/3) de las exportaciones catalanas están asociadas con bienes de consumo. Pensamos que un caso extremo y bastante improbable sería que el boicot afectara al 50% de los bienes de consumo y el 20% de los bienes de capital e intermedios. En este caso, el boicot afectaría un 0.6 x (0.5 x 1/3 + 0.2 x 2/3) = 18% del total de las exportaciones catalanas. Nosotros pensamos que los consumidores y las empresas españolas son racionales y por tanto que no habría boicot. Pero quizás nos equivocamos. En cualquier caso, simplemente notamos que es del todo improbable que un boicot afecte más del 18% de las exportaciones catalanas.(9).

El segundo motivo por el que las ventas de productos catalanes en el mercado español podrían caer es una aceleración en la desaparición del efecto frontera. Esto es precisamente lo que argumentan de la Fuente y Rodríguez Mora en su artículo en El País. De hecho, ellos asumen que no habrá boicot (¡muy sensato!). Pero también asumen que la independencia eliminaría el efecto frontera de forma brusca. Es decir, de un día para otro nos olvidaremos de todas las relaciones comerciales que hemos creado durante siglos de compartir mercado. Y de un día para otro todas las infraestructuras centralistas y centralizadoras dejarán de ser operativas.

¿Cómo se podría cuantificar este efecto? Uno podría pensar que Cataluña se convertirá en Portugal al día siguiente de la independencia. Como Portugal comercia un 80% menos con España que Cataluña, esto querría decir que el comercio de Cataluña con España caerá un 80% de un día para otro. Esta lógica y esta cifra son el soporte básico de las argumentaciones de de la Fuente y Rodríguez Mora. Coincide también con lo que nosotros hemos asumido cuando llevábamos el sombrero de agitadores del miedo. Pero debería ser obvio para el lector que esta hipótesis requiere justificación ya que a primera vista parece una tontería monumental. Las relaciones comerciales construidas a lo largo de siglos de compartir mercados no se destruyen de un día para otro. Las infraestructuras desarrolladas durante siglos de centralismo tampoco desaparecerán de un día para otro, aun si el día después de la independencia empezamos a construir un nuevo y mejor sistema de infraestructuras que nos conecte con el resto de Europa.

¿En qué quedamos entonces? Cambios brutales en el efecto frontera a corto y medio plazo son una quimera y hay que descartarlos. El único motivo por el que los mencionamos es porque el lector se dé cuenta de hasta qué punto son absurdas las hipótesis que se utilizan en estos estudios catastróficos que nos quieren hacer creer que la independencia nos dejará sin exportaciones. El boicot es posible pero nunca sería mayor del 18%. Y, en cualquier caso, de duración limitada. Esto es importante a la hora de comparar estas pérdidas con ganancias que son permanentes y muy superiores como, por ejemplo, el dividendo fiscal de la independencia.

Hipótesis #2: Lo siguiente que tenemos que hacer es decidir qué rebaja será necesaria para poder vender los productos "boicoteados" al resto del mundo. Algunos de estos productos son muy similares a los productos que las empresas catalanas ya venden en el resto del mundo. En estos casos, no habría que hacer muchos cambios en el diseño de los productos y la rebaja sería pequeña. Otros productos que se venden en el mercado español son muy especializados. En estos casos, habría que hacer cambios más sustanciales en el diseño de los productos o una rebaja más fuerte. ¿Cuál es la proporción de un tipo de bienes y de los demás? O en otras palabras, por el conjunto de las exportaciones, ¿cuál es la rebaja de precios necesaria para vender los productos boicoteados en el resto del mundo? Lo que necesitamos aquí son estudios que nos indiquen cuál es la "elasticidad del volumen de exportaciones a rebajas en el precio de venta." Este parámetro mide el porcentaje por el cual incrementan las ventas al reducir el precio de venta un 1%. Por ejemplo, una elasticidad de 4 significa que una reducción del precio de un 1% aumenta las ventas un 4%..

Los estudios econométricos de los flujos comerciales muestran que la elasticidad del volumen de exportaciones a rebajas en el precio de venta es mucho mayor de lo que hemos asumido antes cuando hemos "aceptado" una rebaja del 50% en el precio de las exportaciones. Diferentes autores tienen diferentes estimaciones sobre este parámetro, pero la mayor parte de los economistas encontrarían razonable asumir que una reducción de un 25% en el precio sería suficiente, como media, para colocar un exceso de producción (esto corresponde a una elasticidad del volumen de ventas a cambios en precios igual a 4). Un intervalo razonable de valores iría del 10% al 40%.(10)
Para calcular la incidencia sobre el PIB catalán también se debería tener en cuenta el hecho de que transportar los bienes de Cataluña al resto del mundo sería típicamente más costoso que transportarlos al resto de España y que una parte de estos costes adicionales no serían pagados a empresas catalanas sino a extranjeras.

Es difícil estimar tanto estos costes adicionales como el porcentaje que deberíamos imputar a los extranjeros (implicando por tanto una pérdida de PIB), pero no pensamos que este coste pueda exceder el 10% del valor de las exportaciones desviadas en el extranjero. Este 10% equivaldría a una reducción en el precio neto de venta de también el 10% en el peor de los casos en que el total del coste efectivo de los costes fuera absorbido por los vendedores catalanes.

Resumiendo nuestra posición sobre las dos hipótesis, en el peor de los mundos nos encontraríamos con una caída de ventas del 18% y necesitaríamos un rebaja del 40 + 10 = 50% en el precio. Ahora ya podemos volver a la Tabla 1 y veremos que en este escenario tan negativo la caída en el PIB estaría entre un 1.7% y un 2.2%. Esto, repetimos, es la caída que obtenemos en el peor posible de los casos. ¡Qué lejos están estas cifras de los escenarios catastróficos con los que nos obsequia la prensa de Madrid! Pero no queremos que el lector se quede con estas cifras. Es mucho más razonable pensar que la rebaja en el precio sería sólo del 25 + 10 = 35%, con lo que la caída en el PIB catalán estaría entre el 1.2% y el 1.6% del PIB. Y, recuerde el lector, que aquí estamos todavía suponiendo que los bienes de consumo catalanes sufrirían un boicot casi 10 veces (60% vs. 6.5%) más elevado del que sufrió el cava en 2005. Naturalmente, si el boicot fuera menor y acorde con la experiencia del cava de 2005, el coste comercial de la independencia sería mucho menor y fácilmente menor al 1% del PIB.

¿Y cuanto tiempo duraría el boicot? Estamos hablando, quizá, de dos o tres años seguidos de perder un 1% del PIB? Hay que recordar, una vez más, que el dividendo fiscal de la independencia es más del 8% del PIB para siempre!

Antes de cambiar de tema, queremos volver a una cuestión que NO nos preocupa nada. ¿Qué pasaría si Cataluña quedara fuera de la Unión Europea y, ésta nos pusiera aranceles? Bueno, ya hemos dicho antes que pensamos que esto no puede pasar. Pero hagamos el cálculo, no sea que algún lector aun pensara que esto es posible. Cerca del 60% del comercio de Cataluña con el resto del mundo se da con Europa. Esto significaría que las exportaciones al mercado europeo, incluyendo España serían el 80% de las exportaciones de Cataluña. Estas exportaciones serían pues el 52.8% del PIB de Cataluña. Asumiendo que el valor añadido es similar en el mercado español y europeo, esto querría decir que el valor añadido en estas exportaciones sería el 36% del PIB. Unos aranceles del 5% podrían causar una caída del PIB adicional del 1.8% en el caso particularmente negativo en el que todo el impacto del aranceles repercutiera en las empresas catalanas. Esto es una pérdida adicional considerable, pero el costo comercial total de la independencia seguiría siendo alrededor del 3% del PIB, una cifra muy lejana al dividendo fiscal de la independencia (una ganancia del 8% del PIB). En cualquier caso, repetimos que este escenario no merece consideración en nuestra opinión.

Deslocalización e independencia.

Hasta ahora hemos centrado nuestros cálculos en un escenario que no contempla los posibles efectos de la independencia sobre la localización de las empresas. Si nos pusiéramos de nuevo el sombrero de agitadores del miedo quizás nos ocurriría la brillante línea argumental que el proceso de independencia haría marchar a muchas empresas de Cataluña. Si alguien nos pidiera evidencia empírica, sólo habría que citar las declaraciones del señor Lara de Planeta y nos quedaríamos tan anchos. Pero quitémonos de encima este maldito sombrero y hagámonos la siguiente pregunta: ¿por qué querrían marcharse las empresas de Cataluña? Naturalmente, en un escenario catastrófico de boicots generalizados donde las ventas en el resto de España se desploman el 80% y el PIB catalán cae un 9% es concebible que algunas empresas decidieran evitar el boicot "saltando la valla". Hay que recordar, sin embargo, que la deslocalización es un proceso que conlleva costes fijos muy elevados que sólo serían amortizados si las empresas anticipan que los boicots van a durar bastante tiempo. Además, como hemos explicado antes, un escenario donde las ventas al resto de España caen un 80% es inverosímil. Si el boicot acaba resultando en una caída del 15% de las ventas, el efecto sobre la deslocalización de las empresas será pequeño.

Los agitadores del miedo podrían argumentar que las multinacionales no querrán quedarse en Cataluña porque nuestro mercado será demasiado pequeño, especialmente en relación con el actual mercado español. El problema con este argumento es que tampoco tiene fundamento. Algunos de los países que han captado grandes flujos de inversión directa en los últimos años, como Irlanda o Bélgica tienen economías de tamaño similar a la catalana. De hecho, las multinacionales sólo se preocupan del tamaño de una economía cuando esta economía está cerrada al exterior. Si como hemos argumentado antes, la caída en el comercio catalán es mínima y además tiene un efecto prácticamente nulo en las empresas con marcas extranjeras (como son las multinacionales), de nuevo el argumento de la medida no se aguanta por ningún lado.

Esto no significa, sin embargo, que en una Cataluña independiente no habría deslocalizaciones, movimientos de sedes en Madrid o cierres de empresas. Claro que habría, al igual que ha habido y en continuará habiendo si Cataluña sigue formando parte del estado español. La cuestión clave en nuestra opinión es el efecto que la independencia catalana tendría sobre los incentivos de las empresas multinacionales a establecer nuevas operaciones en Cataluña y sobre los incentivos de los catalanes a crear nuevas empresas. En este sentido hay que señalar dos hechos.

En primer lugar, la independencia dotaría el gobierno catalán de más discrecionalidad y recursos para llevar a cabo inversiones en infraestructuras o políticas fiscales que incrementarían los incentivos de las empresas extranjeras a localizar su producción en Cataluña. Otro factor importante es que las empresas suelen localizarse cerca del regulador y, éste, se trasladaría de Madrid a Barcelona al día siguiente de la independencia.

En segundo lugar, y en materia de creación de nuevas empresas, es difícil imaginar que un futuro estado catalán adoptase unas regulaciones peores que las que existen actualmente en España. Sin ir más lejos, el informe "Doing Business", publicado anualmente por el Banco Mundial sitúa a España en la posición 136 en un ranking de 185 países del mundo en términos de la facilidad de crear empresas nuevas. En materia de creación de empresas, uno sólo puede afirmar que "España no es Uganda" (posición 144 en el ranking) con cierto rubor.

Resumen.

La independencia de Cataluña podría acelerar un proceso natural de diversificación de mercados que últimamente ha ido reduciendo la muy significante dependencia del comercio catalán del mercado español. En particular, posibles boicots en el resto del estado español podrían reducir las posibilidades de los productores catalanes de vender en ese mercado y llevarlos a buscar destinos alternativos para sus mercancías y servicios. Algunos analistas han publicado pronósticos que asocian este proceso acelerado con caídas muy notables del PIB catalán del 9, 16 o incluso el 19%. En este documento hemos demostrado que estas proyecciones son erróneas porque no tienen en cuenta que:
Reducciones en el volumen de exportaciones no se corresponden con reducciones proporcionales del PIB pues las exportaciones son una medida de facturación mientras el PIB es una medida de valor añadido.

1- Los boicots difícilmente afectarían a las empresas multinacionales con marcas no catalanas que producen en Cataluña (y que constituyen el 40% de la facturación manufacturera catalana) y la incidencia del boicot también sería mucho menor por bienes intermedios (que constituyen dos tercios de las exportaciones catalanas) que por bienes de consumo.

2- Todos los bienes que no se pudieran vender en el resto de España no se lanzarían a la basura sino que se venderían en mercados extranjeros, probablemente a un precio rebajado pero positivo.

3- Una vez uno tiene en cuenta estos factores, la pérdida en PIB catalán asociada con la caída del comercio catalán difícilmente sería mayor al 2% y muy probablemente sería menor al 1%. Dos más dos no son mil.

Agradecemos los comentarios, aportaciones y sugerencias hechas por Sergi Basco, Carles Boix, Xavier Cuadras, Jordi Galí, Modest Guinjoan, Gerard Padró i Miquel i Xavier Sala i Martin.
Pol Antràs (Ph.D., MIT) Catedrático de Harvard University
Jaume Ventura (Ph.D., Harvard) Investigador Senior del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI)

Notas:  

(1) En particular, para seguir el mercado único y mantener la libre circulación de mercancías (es decir, por no pagar aranceles) Cataluña no necesitaría formar parte de la Unión Europea. Sólo debería firmar acuerdos bilaterales como los que tiene Suiza. Y los tratados de la UE estipulan que los acuerdos bilaterales de este tipo no exigen unanimidad, sino una mayoría cualificada. Además la legislación europea permitiría comenzar a negociar estos acuerdos antes de que Cataluña se convirtiera en un estado soberano (véase, por ejemplo, la comunicación de la Comisión Europea COM (2012) 602 final, de 10 de octubre de 2012).

(2) Tenga en cuenta que nos referimos a los cálculos de la Fuente y Rodríguez Mora porque se trata de economistas de renombre que, en principio, saben lo que se hacen. No hablaremos aquí de cifras lanzadas absurdamente y con toda la mala intención por medios de comunicación de Madrid como es el caso del ABC (19-11-2012) que dice que el PIB catalán caería un 16% o El Mundo (04-11-2012) que dice que caería un 19%. Estas cifras tienen el mismo valor científico que ex abruptos como "una Catalunya independiente sería una república bananera." Cualquier cosa vale!

(3) Guinjoan, Modest y Xavier Cuadras Morató , “Sense Espanya. Balanç econòmic de la independència,” Editorial Pòrtic, 2011.

(4) Aquí estamos asumiendo que la reducción de las exportaciones afectaría de la misma manera el valor añadido y los bienes intermedios. Esto simplifica la exposición y tiene efectos muy pequeños en nuestros cálculos.

(5) Más adelante seremos más precisos y en los cálculos incluiremos los costes adicionales de los servicios asociados con transportar estos bienes y servicios a los mercados extranjeros.

(6) Aquellos de vosotros que sois economistas reconoceréis este fenómeno con el nombre de Inconsistencia Temporal.

(7) Tatiana Fernandez, “Les empreses participades per capital estranger a la indústria manufacturera de Catalunya,” Paper de Treball 11/2008, Generalitat de Catalunya.

(8) Hay que decir que esta cifra es una estimación muy conservadora también por otro motivo: es bien sabido que las empresas multinacionales exportan mucho más que las empresas que no lo son. Por lo tanto, el hecho de que las multinacionales en Catalunya aporten un 40% de la facturación manufacturera indica que su aportación a las exportaciones debe ser superior. Si lo que quisiéramos es la mejor estimación posible, sería más natural asumir que este porcentaje es el 40% o 50%. Pero nuestro objetivo es mostrar la peor estimación posible dentro de lo razonable (es decir, sin el sombrero de agitadores del miedo!).

(9) Cabe recordar el caso del boicot del cava catalán en 2005. A pesar de tratarse de un bien de consumo fácilmente identificable, las ventas en España cayeron sólo un 6.5%, muy lejos del 50% que hemos asumido en nuestros cálculos.

(10) Broda, Cristian and David Weinstein, “Globalization and the gains from variety,” Quarterly Journal of Economics, May 2006. Hay que recordar, una vez más, el caso del boicot del cava catalán del 2005. Hemos dicho antes que las ventas en España cayeron sólo un 6.5%. El exceso de producción se logró colocar en el extranjero con una mínima reducción del precio, implicando un aumento en la facturación en el extranjero.