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lunes, 16 de septiembre de 2013

Don Antonio Cánovas del Castillo, el racista español.

El señor Cánovas, el padre del Estado español, no era precisamente amigo de la democracia y lo demostró siempre que pudo. Incluso se lamentó, años más tarde de haber firmado la abolición de la esclavitud en España, diciendo en una entrevista a un periódico francés:

“Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar, y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos.”

Don Antonio se sentía superior a aquellos salvajes, pero la cosa no acababa ahí. También se sentía superior al populacho, a esa población sumisa y famélica de españoles cuyos destinos, por voluntad divina sin duda, o por la gracia de Dios, él manejaba y dirigía. Que en su mayoría eran analfabetos o tontos, degenerados o criminales, inferiores siempre, por eso eran pobres. Dejarles derecho a dirigir sus propios destinos y equivocarse, eligiendo gobiernos en votaciones democráticas y veréis lo que pasa. ¡Acaban con España! Cambiando el término “salvajes” por los de “palurdos” y “paletos”, lo que pensaba don Antonio de la mayoría de los españoles sin duda era que


“Son perezosos, palurdos, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos paletos no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos.”


Para eso estaban él, don Antonio y sus amiguetes de la alta política, y sus divinas majestades, y los generales y los obispos. Para llevar a aquel rebaño de desarrapados y desgraciados desagradecidos por el camino que debían, para cumplir el destino universal de España.
“Que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos.”


¡Diga Vd. que sí, don Antonio Cánovas del Castillo! Y visto todo lo que pasó el siglo XX y está pasando el XXI, nadie podrá negarle que es Vd. el auténtico Padre de España.


Este “mérito” se lo reconoce, y da fe de ello, gracias a sus extraordinarios superpoderes: El Increíble Capitán Euzkadi. Salud y República vasca!!!