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jueves, 31 de mayo de 2012

Crónicas del despropósito (Iñigo Landa en Tribuna Abierta. Diario DEIA).



TERMINÓ el sueño... de momento. Hemos llegado muy lejos y eso no nos lo quita nadie. Volví de Madrid un poco triste pero, también, muy orgulloso de ser del Athletic Club. No deja de ser más que un juego en el que se gana o se pierde. Y si gana, lo hace el mejor, se le felicita deportivamente y hasta la siguiente. Las aficiones del Athletic y del Barça, ejemplares.


Un ambiente excepcional y una convivencia totalmente amigable y solidaria entre dos aficiones formadas por personas que se sienten, mayoritariamente, miembros de dos naciones hermanas: Euzkadi y Catalunya.


En lo deportivo, nada más que hablar. Reitero mi felicitación a los culés y me quedo con un gran día de convivencia y sana rivalidad entre esas dos grandes aficiones. Vayamos ahora al plano político. Sí. Al plano político.


Cierto es que no se debería mezclar política y deporte pero, desde el momento de que existe una Real Federación Española de Fútbol, desde que la más alta representante de la artificial Comunidad de Madrid entra en juego, desde que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid autoriza una manifestación ultra el mismo día de la final, desde que Interior ordena una campaña de recaudación en forma de multas ese mismo día, desde que la Televisión Pública se posiciona políticamente... en fin, desde que pasan cosas muy curiosas en esa jornada, no podemos dejar de pasar por alto todo esto.


Pero vayamos por partes: Sabemos perfectamente diferenciar entre una cortina de humo y un exabrupto. Sabemos, también, que al día siguiente de las famosas declaraciones de Esperanza Aguirre los inspectores de la Unión Europea se plantaban en Madrid a preguntar dónde estaban miles de millones de euros no declarados en el balance de deuda reconocida. ¿Qué hacer? Pues nada... politizar el deporte. Si se silba el himno español o a la persona de Felipe Borbón, se suspende la final. No hubiese estado mal. Me hubiese gustado ver la reacción de los hosteleros madrileños encantados con nuestra visita.


Por si no fuera poco, de los 365 días del año, la extrema derecha española decide que tiene que ser, precisamente, el día 25 de mayo cuando han de reclamar "la unidad indivisible de la Patria". Un desatino en toda regla del que, afortunadamente, no cabe reseñar incidencia alguna. Si la hubiese habido (y me acuerdo del pobre Aitor Zabaleta), ¿Quién se hubiese responsabilizado de tal despropósito? Sinceramente he de decir que un grupo de policías así me lo reconocían con cierta impotencia. Retenciones de 10 kilómetros tras el peaje de Burgos, o de dos a la altura de Lerma, por obras de asfaltado (cabe recordar que, no sé por qué, se sigue pagando por circular por esa autopista). No es que sea una cosa digamos normal. Al menos es poco coherente. La España profunda. No es un socavón imprevisto. Es un reasfaltado que perfectamente se puede posponer hasta el lunes. Se sabe la fecha de la final de Copa y se prevé el flujo de vehículos (prácticamente asimilable al de una operación retorno en Semana Santa). Es igual. Ni un solo miembro de la Guardia Civil de Tráfico regulando semejantes atascos.


Pero tenían que aparecer por allí. ¿Para ayudar? ¿Para regular? No. Para multar a diestro y siniestro. El descomunal atasco les da igual. Saben que estamos en una ratonera sin salida y optan por hacer caja a cuenta de la afición rojiblanca. ¿Banderitas en las ventanillas? 40 euros. ¿Una bufanda al aire? 80 euros. ¿Una bandera? 160 euros. En el colmo del despropósito, uno de los Nissan Patrol de la benemérita lleva la banderita española en la antena. A este nadie le multa, como tampoco hubiesen multado a nadie con la rojigualda si el motivo de ese peregrinaje hubiese sido ir a animar a la roja.


Otro dato: frente a la puerta 21 del Vicente Calderón, una furgoneta de la UIP de la Policía Nacional con otra banderita española en la antena y con una bufanda de la selección española por la ventanilla: 80 más 40... 120 euros de multa. ¿Se la pongo yo? Desde el PP intentan ponerse la medalla diciendo que han llamado a Madrid para que se levante tan ridículo control.


De entrada, incierto. Es un diputado del Partido Nacionalista Vasco quien intenta ponerse en contacto con el ministro de Interior. No está disponible pero no tarda en llamarle alguien con un curioso currículum: Arsenio Fernández de Mesa (a la sazón, actual director de la Guardia Civil). Se compromete a "pasar el recado" al ministro. Y así es: no tarda el ministro de Interior en comunicar con el diputado nacionalista, al que le indica que ha dado orden de "levantar inmediatamente" el referido control. Y así se hace. Si el control no era preceptivo, imagino que tampoco las sanciones. Luego no estaría de más que anulasen de oficio las mismas.


Pero.... Si una ciudad no puede organizar un evento de esta importancia, sencillamente no lo hace. Dijimos lo mismo en el episodio de vuelta de Bucarest. Los accesos al Vicente Calderón (vallado externamente) de una forma peculiar me recordaban a una feria de ganado. De nuevo, la Amatxu de Begoña nos protegió, ya que un simple petardo hubiese provocado una estampida de la que aún nos estaríamos lamentando. Un desastre para una villa (como la de Madrid) desde la que insisten en ser sede olímpica. Por el bien de los asistentes, ojalá lo sigan sin conseguir. Las entradas confusas y los accesos son asuntos dignos de tratar. Hubo miles de personas que accedieron 10 minutos tarde a su localidad (lógicamente, previamente abonada). Una entrada en la que se imprime Accesos 13-17 da a entender que se puede entrar por las puertas de la 13 a la 17 y no solo por la 13 o la 17. Esa fue la excusa para que miles de personas no pudiesen recibir a su alteza de la forma que cada cual hubiese estimado oportuno. De nuevo, hasta la Policía Nacional tuvo que reconocer este nuevo despropósito viéndose obligada a regular la entrada.


Nadie de la organización acomodando a los aficionados del Athletic ubicados en uno de los fondos... "Siéntese donde pueda". Otra vergüenza: más gente que asientos. Escaleras y pasillos abarrotados. Suena a chanchullo. Se pueden colar 10 o 20. Dudo que lo puedan hacer 600. La salida, igual de caótica. Como auténticas reses cuando van al matadero.


Volvemos a las andadas... a la manipulación, a la subjetividad, a la falta de profesionalidad y a la politización de lo que debería ser un ente aséptico como la Televisión Pública española. La acción de TVE al censurar la pitada al himno español es, sencillamente, impresentable. Menos mal que hoy en día disponemos de las denominadas redes sociales que captan la realidad tal y como es y no como -a la antigua usanza franquista- quieren mostrar que sea. Y digo eso de la "usanza del antiguo Régimen" a tenor de que un exdirigente del Partido Popular se permitió la "licencia" de soltar un sonoro "Arriba España".


Saltándose a la torera cualquier tipo de legislación medioambiental dictada por la UE, intentaron silenciar una realidad con nada menos que 100.000 vatios de sonido. Ni aún así. De los 52.000 espectadores, un 99% hizo que sus voces ganaran a semejante y desproporcionado voltaje. Para el o la que quiera ver y oír la realidad, o tenga acceso a internet, le invitaría a comparar las imágenes obtenidas desde el interior del estadio con las que difundió Televisión Española en su retransmisión. Verán lo que es manipulación.


Se darán cuenta de que toda esa auto-publicidad que hace RTVE sobre la objetividad, la veracidad, la neutralidad y la profesionalidad no es más que una auténtica servidumbre política en la defensa de algo tan cuestionado como la actual Jefatura del Estado y, por ende, la de toda su troupe hereditaria. Así, porque sí, o "por el artículo 33" (que es lo mismo).