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lunes, 6 de febrero de 2012

Reencuentros de gudaris que no caen en el olvido. (I.Gorriti en Diario Deia).

La única manera de tener un amigo es serlo. Algunos amigos se extravían por las sendas de la memoria, pero permanecen en la atalaya de la persona. Ahí arriba. La retentiva viva no cae en el olvido. Menos la escrita que, a diferencia de la persona, no muere.

Gracias a un libro de Aitor Azurki (Donostia, 1983), se han vivido dos reencuentros entre gudaris y milicianos: el primero ocurrió mientras se escribía la publicación; y el segundo, el pasado 28 de enero, en la Euskal Etxea de Barcelona. Lo emotivo superó el escaso tiempo juntos.

En estas líneas, la memoria que no cae en el olvido reúne hoy de nuevo a Paco Barreña -durangarra fallecido- y al portugalujo José Moreno; también al irundarra Marcelo Usabiaga y al catalán Enrique Pubill, presidente de la asociación de expresos políticos de Catalunya. Moreno y Barreña no se habían visto en 71 años y lo hicieron en mayo de 2009; Pubill y Usabiaga, alrededor de 65 años después, se abrazaron el pasado fin de semana.

Este segundo reencuentro se materializó en el marco de las jornadas de memoria histórica de la Euskal Etxea de Barcelona, situada en la plaza Montcada de Born. Mientras los organizadores y el periodista Aitor Azurki ultimaban la conferencia, dos camaradas extendían sus brazos siete décadas después. Se conocieron en el penal de Burgos. Las manos del barcelonés Pubill de 81 años y las del guipuzcoano Usabiaga, de 96, se engarzaban como hoz y martillo.

El catalán llegó primero. Visitó el centro vasco y sus recuerdos rejuvenecieron. "Frente a la Casa Vasca yo iba de niño a un colegio de monjas", explicó Pubill. Cuando vio entrar a aquel hombre nonagenario "lo reconocí en el instante y me reconoció". "Nos dimos un abrazo muy fuerte y nos pusimos a hablar antes de la presentación. Fue muy agradable, cosas que te ocurren pocas veces en esta vida", enfatizó. "Fue muy emotivo, a pesar de que no fuimos íntimos amigos. Estábamos en diferentes dormitorios", explicó un Usabiaga contento, que aún reconocía la cara "aniñada" de su compañero. Marcelo lamentó que "todo fuera tan rápido", en un simple viaje a la Ciudad Condal. No le dio tiempo a ir a ver el "barrio aristocrático" en el que residió en su periplo bélico. Pasó por una quincena de cárceles del Estado, fue miliciano y maqui, perdió 21 años de su vida en prisión, combatió en Catalunya, fue teniente, conoció a Santiago Carrillo y al poeta Marcos Ana, y fue torturado por el franquista Melitón Manzanas.

Enrique guarda el encuentro como un día grande de su vida. "Es una pena que haya pasado tanto tiempo. Me lleva quince años, pero recordamos juntos aquellos cuatro años y medio allí dentro que luchamos por la libertad, por cambiar la sociedad, por una más justa". A Pubill le gustaría devolver la visita a Marcelo, pero la "situación económica…", aseguró quien hoy no defiende sigla alguna: "Para ser presidente de una asociación de expresos, no tienes que estar vinculado a ningún partido, pero antifascista, siempre, y por una sociedad más igualitaria".

Viejos camaradas.

Azurki vivió el reencuentro. "Se emocionaron mucho. En la presentación, Marcelo aseguró estarlo porque había visto a un camarada de la cárcel", dijo. A juicio del autor del libro Maizales bajo la lluvia, el abrazo entre Usabiaga y Pubill fue de amistad, de viejos camaradas.

Echando la vista al 12 de mayo de 2009 en Portugalete, el otro abrazo, el de Paco Barreña Elizegi y José Moreno Torres, fue "diferente, de corazón, de últimos combatientes". El reencuentro después de 71 años fue gracias a una casualidad. Los atentos ojos de Azurki cayeron en la cuenta de que una misma fotografía estaba en casa de Barreña y en el Elai Alai, centro de operaciones de lucha diaria escrita de Moreno. Es más, ambos vizcainos figuraban en la imagen tomada en una prisión de Huesca.

"Fue muy emotivo", subrayó Aitor. En cuanto José vio a Paco, le gritó al fusilero del batallón de UGT Fulgencio Mateos: "¡Gudari!". Ayer, el soldado de STV Moreno rememoraba con DEIA el momento. "¡Fue fantástico! Nos abrazamos fuerte y estuvimos recordando aquellos tiempos en Huesca. Cuando le vi le recordé. Era una persona muy buena", indicó tras lamentar que ya haya fallecido: "El día del homenaje a los gudaris en La Huella en Artxanda vino su hija a decirme que había muerto. Me dio pena no haberme enterado porque en la cárcel no mirábamos de qué ideología era cada uno. Los vascos nos uníamos organizados por uno a quien llamaban El Viejo, que era de Durango. Paco era miliciano, pero para mí era un gudari, no tengo dudas de que era un patriota vasco", enfatizó Moreno, coincidiendo con la idea que solía manifestar Barreña, nacido en Eibar y que residió en Durango: "En la prisión estuve ayudando al practicante, preso republicano, Luis Estrade y, cuando salí de la cárcel, le cedí el puesto a Barreña".

Ambos recordaban la vida de algunos compañeros de aquella prisión que posaron para la foto que ellos también comparten. Del pelotari Gorri, de Ondarroa, o de Antonio Hojas… "¡No me voy a acordar del boxeador de Irun...! Incluso un maño se quiso sacar la foto con nosotros los vascos", replicó Barreña. Y seguían sus impresiones. El jarrillero volvió a la carga: "No he jurado la bandera española, ¡eh!". El durangarra agregó: "¡Yo tampoco!". Año y medio después de aquel abrazo, Paco falleció. Pero, antes, al despedirse en Portugalete, se oyó: "Ha sido el mejor saludo que podríamos haber hecho", exclamó uno. "Yo también lo pienso, compañero", reparó otro. El mejor.